1 de enero de 2014 / 10:55 p.m.

México.- Hay varios factores que influyen en la posibilidad de ser consecuentes con las promesas que nos hacemos cada año. Por ejemplo, mucha gente cree que con sólo pensar en hacer esto o aquello es suficiente, pero no, se trata de un proceso que exige esfuerzos para llegar a la meta.

Tiene que ser algo más que un deseo, ya que ningún cambio es fácil, sobre todo cuando se trata de hábitos que hemos desarrollado con el tiempo, como fumar, comer en exceso, hacer vida sedentaria, etcétera y casi se han convertido en parte de nuestra naturaleza.

Es por eso que hemos preparado cuatro puntos que debes tomar en cuenta para cumplir tus propósitos para este 2014.

1. ¿Eres realista?

Lo primero es pensar si tu resolución o resoluciones son realistas. Analiza si en verdad puedes llegar a realizarlas y cuán importantes son para ti. La inspiración es la que te infunde energía y voluntad para hacer las cosas. Pero para que la inspiración perdure, tienes que cerciorarte de que las decisiones que has tomado son un reflejo de quien eres en realidad, ya que tus metas tienen que ser congruentes con tus principios y creencias, no para satisfacer a otros exclusivamente. A la larga, las resoluciones que no se corresponden con quienes somos en realidad son difíciles de sustentar y alcanzar.

Piensa en los logros, por pequeños que hayan sido, que alcanzaste en el año que culmina. Eso te dará le medida de que sí puedes cumplir algunas de tus metas y te permitirá ganar confianza en ti mismo.

2. ¿Qué me dices de tu disciplina?

Este es un aspecto muy importante para lograr todo lo que deseemos en la vida, no sólo en Año Nuevo, ya que el camino hacia nuestros objetivos suele estar plagado de obstáculos, desvíos, altibajos, tentaciones y etapas de desaliento. Hay momentos en que podemos sentirnos confundidos, ansiosos, incómodos e incluso abrumados. Pero ten presente que la voluntad y la persistencia producen sus frutos, aunque a veces algunos de los resultados anhelados tarden en llegar un poco más de lo uno quisiera.

Parte de la disciplina es trazar un plan, pero no una estrategia generalizada sino por pasos. Supongamos que quieres bajar de peso, algo que suele ser una de las resoluciones de Año Nuevo más comunes. No pienses en las 50 libras que deseas perder en total, mejor fíjate una meta más corta que te brinde resultados más rápidos, como rebajar entre 4 y 5 libras por mes y, sobre esa base, organizas tu plan para lograrlo. Analiza qué tienes que dejar de comer, si debes incrementar tu actividad física y la frecuencia con que debes al menos caminar a diario. Piensa también si necesitas a un instructor para que te motive.

Un buen método para lograr esto es anotándolo en un cuaderno, como una lista de tareas pendientes, ya que así podrás consultarla a cada rato durante el año para llamarte a capítulo en caso de que te hayas desviado de tus propósitos.

3. Celebra tus logros

Es normal que de vez en cuando te sientas desalentado, pero no debes concentrarte en los aspectos negativos sino en los positivos. Digamos que en lugar de cuatro libras mensuales, sólo has perdido una, pues felicítate, ya que eso es un logro. Incluso si en un par de semanas no has bajado de peso, pero tampoco has aumentado, eso también debe ser motivo de regocijo. Basta con que después analices qué medidas adicionales debes tomar para seguir adelante con tu plan y quedar bien contigo mismo.

Ten presente que las dudas y nuestro diálogo interno, en especial si es negativo, pueden paralizarte y hacer que desistas de tus propósitos. Lo importante es que te mantengas focalizado en las soluciones, no en los errores. Perdonarnos, sin caer en la complacencia, contribuye a mantenernos en el curso de nuestros objetivos y mejora la percepción que tenemos de nosotros mismos.

4. Conversa con otros

Algunos cambios en nuestro estilo de vida y forma de proceder pueden resultar intimidantes y hacernos dudar. De ahí que es importante que le comuniques tus planes a algún amigo o pariente de tu entera confianza para que te brinde apoyo moral cuando sientas que tus fuerzas flaquean.

A veces las opiniones y creencias que tenemos sobre nosotros nos pueden frenar. Hablar con otra persona nos puede ayudar a ver virtudes personales que no hemos reconocido, lo cual aumenta tu grado de autoestima y te permite quedar bien contigo mismo que, en última instancia, es lo que te proporciona la sensación de haber quedado bien contigo.

Redacción