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8 de agosto de 2016 / 05:55 p.m.

MÉXICO.- Debido a que la diabetes es una enfermedad multifactorial, sobre todo la de tipo 2, esta se debe abordar no sólo desde la biología y la biomedicina, sino desde las ciencias sociales y la psicología, planteó Marcia Hiriart Urdanivia, directora del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM.

Al participar en el Simposio del Curso de Posgrado Regulación Metabólica y Control de la Expresión Genética: Perspectivas Evolutivas, dijo que “los países más afectados son los de ingreso medio o bajo; por ello, es importante dilucidar cómo controlarla”.

La especialista refirió que de 1980 a 2014, la cifra de personas con diabetes en el mundo aumentó a 422 millones de personas, de acuerdo con datos de la revista médica The Lancet.

Al respecto destacó que de los casos registrados, 28.5 por ciento se debe al aumento de la prevalencia; 39.7 al crecimiento y envejecimiento poblacional, y el resto a la interacción de ambos factores.

En su oportunidad, el especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas "Alberto Sols", Juan Miranda, dijo que la situación se agrava debido a que en el planeta hay 640 millones de obesos, es decir, casi 10 por ciento del total de la población humana.

A su vez, Héctor Bourges Rodríguez, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, analizó las raíces mexicanas de la nutrigenómica y dijo que “la nutrición es el conjunto de procesos involucrados en el intercambio continuo de energía y materia que ocurre entre los organismos vivientes y su medio”.

Destacó que el humano necesita de 100 sustancias provenientes del entorno, que cumplen uno o más papeles metabólicos. Además de que precisa estímulos sensoriales intelectuales, emocionales, culturales y sociales.

La nutrición, aseveró, es indisolublemente psicosocial, pues no sólo comprende procesos fisiológicos y bioquímicos, sino que cumple funciones sociales y culturales como rituales, de expresión estética, comunicación, vinculación social y hasta sentido de identidad.

En la forma de comer influyen elementos fisiológicos como el hambre y la saciedad, y psicológicos como apetito, conocimiento, prejuicios, gustos, preferencias, temores, valores, predicciones, hábitos, caprichos y modas, así como factores históricos, geográficos, antropológicos, sociológicos, comerciales, económicos y religiosos, agregó.