1 de septiembre de 2014 / 05:19 p.m.

México.- Las condiciones de encierro a las que están sometidas gallinas y cerdas para producir huevos o tener lechones genera en esos animales daños fisiológicos y de comportamiento, además de mayor tendencia a desarrollar enfermedades como el estrés.

Además, el hecho de permanecer encerradas toda su vida para generar productos consumibles dificulta su comportamiento natural. En México, Bachoco comienza a revertir esa situación.

Las cerdas viven entre tres y cuatro años dentro de jaulas de gestación, tienen un espacio tan reducido que impide que el animal pueda girar su propio cuerpo, dar un solo paso hacia atrás o adelante, lo que las somete a niveles muy altos de estrés, incluso, se lastiman tratando de liberarse de las barras de metal cuando la desesperación las supera.

Por su parte, las jaulas para las gallinas son recintos de metal donde viven de cinco a 10 aves; y dentro de éstos no pueden estirar sus alas, ni siquiera anidar en un lugar cómodo, afirma Gabriela Duhart, gerente de la campaña Déjalas Mover, que tiene el respaldo de la Human Society International, una organización que se ha enfocado desde 1991 a proteger a los animales, incluidos los de laboratorio, de compañía, producción y fauna silvestre. Además del maltrato animal, la activista señala que el hacinamiento en que viven las aves  implicar índices más altos de epidemias y enfermedades, como la salmonelosis.

Las protestas de este grupo y otros, como Gente para el tratamiento Ético de los Animales, han conseguido que el vejatorio proceso de producción con jaulas esté prohibido en Europa desde 2013, mientras que en EU los gigantes de la industria porcina, como Smithfield Foods, Cargill y Hormel Foods, se han comprometido a deshacerse de ese método por completo dentro de tres años. Además, las cadenas como McDonald’s, Burger King, Wendy´s y Subway se asegurarán que sus proveedores no los abastezcan con carne de animales que hayan sufrido dichas condiciones .

En México, Bachoco ha puesto ya en las tiendas de autoservicio una línea de huevos de gallina libre, con un precio similar a los producidos de manera normal, aunque aún no exista en el país una norma oficial que dé autenticidad al libre pastoreo de sus animales.

 Sabina García, integrante también de la campaña Déjalas Mover, menciona que empresas como Google México utilizan en sus comedores huevos de gallina libre.

Nuevos sistemas

Heriberto Ortiz, fundador de Finca Guayacán, una granja orgánica que se encuentra en Ticumán, Morelos, asegura que la modificación de la industria es necesaria, puesto que México es el primer consumidor de huevo a escala internacional y de otra manera no habría posibilidad de satisfacer las necesidades de demanda. Su compromiso de la producción avícola ha encontrado un mercado rentable de huevos orgánicos, que ya son un producto reconocido entre los restauranteros del estado, además de proveer a la cadena 100% Natural.

En 2011 llegó su primera parvada de gallinas, logrando incrementar la cantidad hasta las 28 mil.

 A diferencia de las trasnacionales, que incluyen en la alimentación de las gallinas harina de pescado y maíz de baja calidad, en su granja —dice— se busca todo lo contrario, sin importar que esto duplique prácticamente el precio final del producto. “Son granos orgánicos, no les agregamos ningún colorante, ningún químico, no son tampoco medicadas. Son gallinas 100 por ciento felices,” asegura Heriberto, quien ha comprobado que al estar naturalmente alejadas del estrés, los nutrientes son mejor asimilados por los animales, el sabor y aroma más suaves, y cada uno de los huevos llevan una mayor dosis de vitamina D.

Por el momento, uno de los mayores problemas son los costos (normalmente los productos orgánicos incrementan su precio 20 por ciento), pues revela que un huevo convencional cuesta aproximadamente entre un peso y un peso con 50 centavos, y al basarse en los costos de sus insumos, los suyos son más caros. Además, produce la mitad de lo que el mismo número de gallinas genera con el sistema tradicional.

FOTO: Especial

STEPHANIE OCHOA/MILENIO DIGITAL