12 de enero de 2014 / 06:07 p.m.

París.- París rinde homenaje a Brassaï, escritor, director y fotógrafo nacido en 1899 en la ciudad transilvana -hoy rumana- de Brasov, un artista que a los cuatro años se enamoró de la capital francesa, a la que convertió luego en el hilo conductor de su inspiración.De los barrios elegantes de la ciudad que tanto y tan tempranamente amó, de sus monumentos y lugares secretos de perdición, a los grandes bulevares y sus escaparates, el empedrado de una calle o el beso de una pareja en un bar: París y sus habitantes se convirtieron en algo sublime en manos de Brassaï (1899-1984).La comisaria de la exhibición Agnès de Gouvion Saint-Cyr, ejecutora testamentaria de la obra del artista, a quien conoció en 1971, dividió la muestra en cinco espacios distintos, cada uno relacionado con un aspecto de su obra, subrayó en una entrevista con Efe.De momento, el público puede descubrir el París soñado de Brassaï, el de los parisinos anónimos y el de sus famosos amigos, Picasso, Henry Miller, Man Ray, Blaise Cendrars o Cocteau, hasta el próximo 8 de marzo.Inaugurada el pasado noviembre en la Alcaldía de París, esta exposición tenía que ser para el gran público y por eso en ella no se habla, o apenas, del surrealismo, precisó de Gouvion Saint-Cyr.El ángulo elegido fue el de una visión de París "suficientemente importante como para volcarse en ella", su "pequeña magdalena", dijo la comisaria, en referencia a la soñada por el escritor francés Marcel Proust (1871-1922) en la novela "En busca del tiempo perdido".Para ello se concentró en los cinco espacios que el escenógrafo quería crear y los declinó en torno a cinco capítulos temáticos: el París de Marcel Proust, los grafitis, "París de noche y París secreto", el París de Picasso y el cine.Del panel dedicado a los grafitis, resaltó que Brassaï fue el gran pionero en descubrir la importancia de ese arte callejero, que fotografiaba meticulosamente, en el marco de su reflexión sobre el origen de la creación a partir del análisis del arte prehistórico.Fue el pionero en la materia porque cuando volvió a París, en 1924, tras haber vivido allí en 1903 durante el año sabático que tomó su padre en la universidad de Brasov, la encontró muy cambiada.

EFE.