19 de enero de 2014 / 01:33 p.m.

 

Nueva York.- Con razón se dice que Nueva York es la ciudad que nunca duerme. Porque, ¿quién va a dormir con tanto ruido?

El chirrido de los trenes, las bocinas de los vehículos, el tronar de los aviones, los ladridos de los perros y el bullicio de la gente hacen que el ruido sea la principal queja sobre la calidad de vida en la ciudad. Un número telefónico especial recibió más de 260 mil llamadas de personas quejándose por el ruido el año pasado.

El silencio, parece ser, es lo único imposible de hallar en esta ciudad de más de 8 millones de habitantes pese a las drásticas medidas que se han tomado.

Uno de los legados menos conocidos del gobierno municipal de 12 años presidido por Michael Bloomberg que acaba de terminar es uno de los códigos más drásticos contra el ruido en todo el país. En cumplimiento de las normas, todas las construcciones están obligadas a presentar un plan de mitigación de ruido, mientras que el ruido excesivo procedente de los restaurantes, aceras e incluso de los camiones de basura es ilegal.

Las multas van desde 70 dólares por los ladridos de un perro hasta 350 dólares a los carros que toquen la bocina innecesariamente, hasta 8.000 dólares a los clubes nocturnos que tocan música a un nivel excesivo.

Sin embargo, pese a las miles de multas impuestas el año pasado, las autoridades de salud advierten todavía hay lugares donde el ruido excede los 85 decibeles, que puede provocar daño auditivo a largo plazo. Algunas partes de la ciudad con frecuencia exceden los 100 decibeles, especialmente donde los aviones descienden a poca altura sobre las viviendas.

Aunque no hay una lista completa, el gobierno municipal señala estas causas frecuentes de quejas por el ruido que afecta la calidad de vida:

EL TRÁFICO EN TIMES SQUARE

"¡Este es el lugar más ruidoso de Nueva York!", dice Jesse Davis, que se dedica a distribuir volantes en pleno Times Square para una vidente. "Las bocinas de los carros suenan todo el día", agrega.

Durante dos décadas, el hombre de 57 años ha realizado este tipo de trabajo, distribuyendo volantes de promoción de empresas, rodeado de un mar de taxis, automóviles y camiones, cuyos conductores tocan mucho la bocina para que los peatones se les quiten del camino.

Davis trata de apagar un poco el ruido con la música de sus audífonos.

"Nueva York es así, la ciudad es ruidosa", señala. "Pero uno se llega a acostumbrar, hay que trabajar".

En una isla de hormigón en medio de Times Square hay un contenedor convertido en un quiosco de comida gourmet llamado SnackBox, atendido por Eduardo Zevallos, quien pasa los días en medio de la cacofonía "tratando de no hacerle caso".

¿Cuál es el peor ruido? Cuando una ambulancia queda atrapada por el tráfico a poco metros de su restaurante en la calle Broadway. "Hay veces que uno tiene que escuchar la sirena cinco minutos seguidos", dijo.

EL RUIDO DEL METRO

En la escuela primaria P.S. 85 del vecindario de Astoria, en el Queens, los niños y sus maestros han desarrollado un sistema de señales: Se tocan los labios con el dedo índice a la vez que levantan dos dedos en el aire.

Eso quiere decir que hay que para toda actividad por el abrumador ruido de un tren del metro que transita por los elevados ahoga cualquier diálogo.

"Es muy ruidoso y la maestra tiene que detenerse cada dos o tres minutos cuando el tren pasa", cuenta Nepheli Motamed, de 8 años, cuya clase de tercer grado está a merced de los trenes.

Los padres convocaron hace poco a una conferencia de prensa para protestar por el ruido, y en el transcurso de media hora fueron interrumpidos 16 veces por el ruido de los trenes.

"Esto provoca falta de atención en los niños porque cada pocos minutos quedan distraídos (por el ruido) y entonces tienen que volver a concentrarse", señaló Evie Hantzopoulos, copresidenta de la Asociación de Padres de la escuela.

Funcionarios escolares del municipio dicen que se han instalado paneles que absorben ruido en las aulas más cercanas a las vías del tren.

Pero Nepheli dice que hace falta hacer más. "Sería más fácil aprender sin el ruido", añade.

DUMBO

Una zona de Brooklyn llamada DUMBO es un antiguo distrito de manufactura lleno de grandes naves de almacenamiento y hermosas vistas de Manhattan que se ha convertido en uno de los lugares más artísticos de la ciudad.

Pero con el incesante tráfico de vehículos por el Puente de Manhattan y los elevados del metro es uno de los lugares más bulliciosos.

Para Jada Williams, presidente de la firma de publicidad Giant Noise, el ruido no sólo es un concepto publicitario.

"Cuando los clientes me llaman al celular y estoy en la calle, es difícil tomar la llamada porque es imposible escuchar", afirma Williams. "Y es difícil explicarles que estoy en una zona muy ruidosa de la ciudad, por lo tanto no respondo".

A Karen Johnson, propietaria de dos bares en DUMBO, le encanta sentarse en un parque con vista a Manhattan.

"Es tan linda — y entonces uno trata de hablarle a alguien y el ruido de los trenes no lo deja", dice mientras ríe. "He perdido parte del sentido de la audición por vivir y trabajar aquí. Ha sido demasiado", agrega.

Se mudó al vecindario cercano de Carroll Gardens en Brooklyn, donde dice que es tan silencioso que parece un suburbio en comparación.

SONIDOS COMBINADOS

En el East Side de Manhattan, los vecinos del edificio Rivergate, en la Calle 34, están sujetos a una combinación de sonidos: el inclemente tronar de los helicópteros que circulan por el helipuerto de la Calle 34 del Este, el ruido incesante del tráfico por la autopista Franklin D. Roosevelt Drive, conocida como FDR, y las ambulancias que se dirigen al Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York.

Después de años de quejas por un nivel de ruido superior a 90 decibeles dentro de los apartamentos, la gerencia del Rivergate instaló paneles que absorben el ruido.

Sheldon y Gloria Moline dicen que cuando fueron a vivir a su apartamento en el piso 32 hace cinco años tenían que ponerse tapones en los oídos cuando se sentaban en la sala con las ventanas cerradas. Ahora sólo los usan cuando se aventuran a salir al balcón.

"Uno no puede hablar porque no hay nada que proteja del ruido de los helicópteros, excepto seis carriles de tráfico vehicular", dice Sheldon Moline. "No hay nada que uno pueda hacer. Es legal... Eso es vivir en la ciudad", agregó.

Pero el gobierno municipal tomó medidas en el helipuerto y prohibió los vuelos durante los fines de semana, y sólo entre 8 de la mañana a 8 de la noche entre semana.

DESPEGUES Y ATERRIZAJES

Barbara Brown soporta el intenso tráfico sobre el Aeropuerto John F. Kennedy a un altura de unos 30 metros (100 pies) sobre su casa del vecindario de Springfield Gardens en Queens, un ruido que se acerca a los 110 decibeles.

Con una frecuencia de minutos, el techo se estremece y por la noche las luces de los aviones entran por las ventanas.

"Cada vez que un avión despega o aterriza, te despierta", dice la directora jubilada de una escuela primaria. "Si uno está hablando por teléfono, tiene que interrumpir la conversación. Y puede escuchar la televisión en la sala", agrega.

Hace unos años, la Agencia Federal de Aviación (FAA) modificó los corredores aéreos alrededor de los aeropuertos Kennedy y LaGuardia después de cambiar la navegación de radar a satélite. La mayor exactitud permite que los aviones vuelen en un área menor.

En el barrio de Jackson Heights en Queens, cerca de LaGuardia, el ruido de los aviones y el bullicio de las calles son una combinación que Nicole Citron dice que puede provocar locura. "Uno no puede escuchar su propia conversación".

Citron pone a dormir a sus hijos, uno de 5 años y otro pequeñito, en un dormitorio adyacente a la calle porque extrañamente no parecen inmutarse.

"Están acostumbrados a esos sonidos desde que nacieron", añade.

AP