16 de septiembre de 2014 / 03:36 a.m.

MONTERREY.-  Si un contrato de arrendamiento de una tumba ha caducado o no ha pagado, el trabajo del limpiador de la tumba es para romper las criptas, retirar y enterrar los cuerpos. Cualquier resto que no han sido reclamados por miembros de la familia se empaquetan en bolsas de plástico, etiquetados y almacenados en fosas comunes.

En el reloj acababan de dar las siete de la mañana y el sonido de los martillos pesados ??golpeando el cemento ya había comenzado a interrumpir el silencio en el Cementerio General de la ciudad de Guatemala.

Los hombres están abriendo tumbas y limpiando, pues la gente había dejado de pagar el alquiler o el arrendamiento había expirado. Los cuerpos, o lo que quedaba de ellos, fueron sacados uno a uno por los limpiadores de tumbas y se colocan en bolsas de plástico transparentes.

El equipo comenzó a romper las tapas y los ladrillos de las criptas. Después de unos minutos, se observa la esquina de un ataúd podrido y adentro los huesos y una cara casi conservada, haciendo una mueca indescriptible.

A las nueve de la mañana, el día de exhumaciones había terminado. En total, los restos de 40 cuerpos fueron retirados de sus tumbas, colocados en bolsas y etiquetados con su sexo y el año de la muerte, o un código para identificar la cripta en la que solían residir.

Bolsas que no fueron recogidos por familiares se bajan en fosas comunes de 30 metros de profundidad, que luego fueron cerradas y aseguradas con un candado. Uno de los limpiadores de tumbas, dijo que antes de cerrar el pozo, los brujos a veces se recuperan los huesos para hacer magia.

Los exhumadores miran la muerte en la cara todos los días, sin embargo, han aprendido, por necesidad, no temer lo que ven en la "Ciudad de los Muertos".

En los últimos dos meses, se exhumaron y se limpiaron las criptas de dos mil bebés. Los cadáveres de los bebés, todavía están vestidos con sus trajecitos.

FOTO: Jorge Dan López-Reuters

REUTERS