17 de febrero de 2014 / 04:39 p.m.

Campeche.- La investigadora, escritora e integrante del Laboratorio de Lengua Maya del Instituto Campechano, Blanca Campos Carrillo, dijo que la práctica del “Han-Licol” es parte de una tarea de rescate, pues si bien, en algunas comunidades se conserva esa ceremonia, en otras pasa desapercibida.

Indicó que no sólo la lengua maya se está perdiendo, sino que con ella las tradiciones, razón por la que trabajan en coordinación con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y las casas de las culturas, para incentivar la realización de esas celebraciones.

En el estado existe la Ley de Derechos, Cultura y Organización de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Campeche, cuyo objeto es el reconocimiento, preservación y defensa de los derechos, cultura y organización de los pueblos y comunidades indígenas, acotó.

Asimismo, continuó, plasma las obligaciones de los Poderes del Estado y las autoridades municipales en lo relativo a sus relaciones con los pueblos y comunidades indígenas para elevar el bienestar social de sus integrantes, promoviendo su desarrollo a través de planes, programas y acciones específicas.

De esa forma, los pueblos indígenas tienen derecho a practicar y revitalizar sus tradiciones y costumbres culturales.

El estado, en el ámbito de sus atribuciones, proporcionará a las comunidades indígenas los recursos necesarios para la protección y desarrollo de sus manifestaciones culturales.

En la entidad se reconoce el Cha-Cha Ak, Hetz Mek, Hanal Pixan, Hetzel y Han-Licol como las ceremonias de los indígenas mayas de Campeche, por lo que el estado y los municipios deben proveer esas celebraciones y su conservación, planteó la investigadora.

La ceremonia del “Han-Licol” es encabezada por el sacerdote maya Dolores Ortiz Caamal, quien es el encargado de los rituales, como el ofrecimiento de comida a los Dioses, en agradecimiento por la cosecha de maíz, para que sigan bendiciendo a la tierra y las siembras.

El área de Cultura de la CDI organiza ese tipo de actos para conservarlos, y las principales comunidades que los celebran son las pertenecientes a los municipios de Calikiní y Hecelchakán, principales productores maiceros.

Refirió que la finalidad es agradecer la producción obtenida como lo hacían los antiguos mayas, aunque la fecha original para ello, era el día de San Miguel, en septiembre, cuando se cosechaban los primeros elotes.

Comentó que el maíz es base de la alimentación de la mayor parte de las familias indígenas, es un elemento indispensable en la gastronomía mexicana y patrimonio de México y la humanidad.

Añadió que la ceremonia se inicia con la entrega de los alimentos, previamente cocidos en hornos tradicionales, lo que le llaman “comida de monte” que se consagra a los dioses mayas como agradecimiento de los campesinos que obtuvieron sus cosechas.

Luego se realiza la quema de incienso, para que la ofrenda sea bien recibida por los dioses y alistarse para la siguiente cosecha.

Notimex