JOSÉ ANTONIO LÓPEZ
27 de julio de 2013 / 03:21 p.m.

Madrid • El conductor del tren que descarriló el pasado miércoles en la ciudad española de Santiago de Compostela (norte), y que provocó la muerte de 78 personas, fue acusado formalmente por "imprudencia en relación por los hechos producidos". Además, se negó a declarar para explicar por qué conducía a 190 kilómetros por hora en la curva del accidente cuando la velocidad permitida era de 80 kilómetros por hora.

Apenas percatarse de la magnitud de la tragedia, el maquinista, José Garzón Amo, gritó: "¡Me quiero morir. La he jodido!", según se pudo leer en las conversaciones entre el convoy y la sala de controles que fueron transcritas y conocidas ayer.

En rueda de prensa, el jefe superior de la policía de Galicia, Jaime Iglesias, explicó que se produjo la detención del conductor porque se le imputa un hecho delictivo vinculado "a la posible imprudencia y a la autoría del accidente producido".

Desde hace un año, Garzón Amo se jactaba en Facebook de conducir a 200 kilómetros por hora el tren Alvia. Pese a todo, algunos compañeros de profesión lo apoyaron y justificaron que el accidente pudo haber sido provocado por el sistema de frenado del convoy.

Mientras que el presidente del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), Gonzalo Ferre, aseguró que el maquinista tenía que haber empezado a frenar cuatro kilómetros antes de llegar a la zona donde se produjo el accidente, en la curva de A Grandeira, donde entró a unos 190 kilómetros por hora.

Además, agentes investigadores explicaron que la comisión judicial aún no ha empezado a oír las dos cajas negras del tren siniestrado, que están bajo custodia policial, ya que se han priorizado las labores de identificación de los fallecidos.

Precisamente, la policía redujo ayer la cifra de muertos de 80 a 78, y señaló que faltan por identificar cinco cuerpos. Hay, además, 81 heridos, 31 de ellos graves.

No obstante, sí se pudo realizar un primer análisis de las transcripciones de las conversaciones mantenidas entre Garzón y la sala de control, que forma parte del material que se ha facilitado, junto con imágenes de al menos dos cámaras de video, una de ellas ubicada a la salida del túnel.

En esas conversaciones, el maquinista también reconoce, tras descarrilar, que alcanzó una velocidad de 190 kilómetros por hora. El conductor, de 52 años, permanece en el Hospital Clínico de Santiago bajo custodia policial.

Otras de los testimonios que han sido tomados más en cuenta es el de Manuel Mato, conductor de diversos modelos de tren Alvia, idéntico al siniestrado, quien manifestó que en el tramo del accidente, regido por el sistema de señalización ferroviaria ANFAC Digital, el frenado automático no se activó porque el convoy no circulaba a más de 200 kilómetros por hora. Así pues, en la curva en la que descarriló el tren, la reducción de velocidad depende "solo del factor humano".

Por su parte, el presidente de la Red Nacional de Ferrocarriles (Renfe), Julio Gómez-Pomar, afirmó que Garzón había pasado 60 veces por el punto donde se produjo el accidente y que debía tener un conocimiento "exhaustivo" de la línea.

Gómez-Pomar apuntó que todos los conductores tienen delante un cuadro de velocidad máximo donde viene especificada la velocidad a la que deben circular en los distintos tramos.

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