26 de marzo de 2013 / 01:50 p.m.

Las autoridades de Birmania (Myanmar) han elevado a 40 el número de muertos causados por la violencia sectaria en la región central del país la pasada semana, informó hoy la prensa.

Según el diario oficial Nueva Luz de Myanmar, otros 8 cadáveres fueron encontrados entre los escombros de las casas destruidas en la ciudad de Meiktila, al sur de Mandalay, la segunda mayor localidad del país.

La violencia surgió a raíz de una discusión entre los dueños musulmanes de una tienda de oro y clientes budistas. Las autoridades informaron que ayer 35 personas habían sido detenidas por su implicación en la ola de violencia y cerca de diez mil han abandonado sus hogares.

El estado de excepción promulgado por el presidente del país, Thein Sein, el viernes pasado para intentar controlar la situación con la ayuda del Ejército solo contempla Meiktila, Wandwin, Mahlaing y Thazi, pertenecientes a la división de Mandalay y situadas a un centenar de kilómetros de la capital, Naypyidaw.

Si bien la presencia de controles y patrullas militares en las calles ha contribuido a imponer una calma relativa, la violencia sectaria ha saltado a poblaciones fuera de la zona declarada estado de excepción, como sucedió con Yamethin el sábado.

La Organización de la Amistad Interreligiosa, formada por líderes budistas, musulmanes, hindúes y cristianos, emitió la semana pasada un llamamiento a sus fieles para que mantengan la calma e impulsen el diálogo.

El enviado especial de la ONU para Birmania, Vijay Nambiar, visitó el domingo la zona del conflicto, se entrevistó con autoridades y damnificados y ofreció toda la ayuda posible de su organismo para contribuir a restablecer la normalidad.

La ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y gobiernos de otros países han expresado su preocupación por la inestabilidad que causan los disturbios en un país con cerca de 60 millones de habitantes de los que el 89 por ciento son budistas, un 4 por ciento musulmanes y el resto de otras religiones.

El año pasado, la violación y asesinato de una chica budista a manos de varios musulmanes en el estado de Rakhine (oeste) desató otra ola de violencia sectaria que costó la vida a 163 personas y dejó más de cien mil desplazados, de los que gran parte aún continúan en campamentos de refugiados.

Rakhine, donde las autoridades restringen la presencia de extranjeros, aún no ha recobrado la normalidad.

EFE