1 de noviembre de 2013 / 01:56 p.m.

Fue una cadena de horror espeluznante: cuatro asesinatos múltiples que afectaron a cuatro familias en cuatro estados durante cuatro días, con un saldo de 14 adultos y 7 niños muertos.

Los criminólogos dicen que este conjunto de hechos trágicos no es más que algo casual, no una señal del aumento de la violencia en Estados Unidos. Pero para muchas personas es necesario explicar lo inexplicable.

"Lo natural es tratar de dar sentido a esas cosas, en particular porque son sucesos tan atroces y sucedieron en un período tan corto", dijo Tricia Bent-Goodley, profesora de la Universidad Howard y miembro de la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, estudiosa de la violencia doméstica.

Pero cada semana, dijo, nueve mujeres son ultimadas por su pareja. Así que estos casos "son un recordatorio que la casa no es un lugar seguro para todas las personas y que muchos hacen lo impensable todos los días contra seres queridos", dijo Bent-Goodley.

Los cuatro sucesos impensables comenzaron la última semana de octubre, que fue el Mes de Conciencia sobre la Violencia Doméstica:

—En Phoenix, Arizona, un farmaceuta a quien describieron como una persona paranoide, furiosa y deprimida, mató metódicamente el sábado con una escopeta a sus vecinos, un abuelo, su hija, su nuero y su nieto, y entonces se suicidó. También mató a los dos perros de la familia y otros vecinos especulan que sus ladridos incesantes llevaron a que el hombre los matara.

—En Nueva York, una madre y sus cuatro hijos pequeños fueron asesinados y despedazados con un cuchillo de carnicero el sábado por un pariente que se estaba quedando con ellos en casa, informó la policía. Familiares acudieron alarmados a la casa y tocaron a la puerta, que al abrirse dejó ver algo atroz: el asesino tinto en sangre.

—En Texas, la policía dice que un hombre con un largo prontuario criminal mató el lunes a su madre en la casa que compartían, y después a una tía y a tres personas más. El hombre había cumplido prisión y familiares dijeron que tenía problemas de drogadicción.

—El martes, un hombre que tenía un litigio de custodia con su novia mató a cinco personas en Carolina del Sur. La policía dijo que el hombre entró a la fuerza en la casa, esperó a que llegara la familia y entonces mató a tiros a la novia, a sus padres y a dos niños, de 11 y 8 años. El asesino, que enfrentaba una acusación de robo que pudiera haberle significado 30 años de prisión, entonces se suicidó.

Pero fue una casualidad que estos delitos ocurrieran en tan poco tiempo, dijo Joel Best, profesor de Criminología que estudia casos de violencia, los medios y la percepción del público.

"Nos enteramos de la naturaleza violenta de estos actos, vemos fotos de las víctimas, los reporteros hablan con los vecinos que conocían a las víctimas. Pero entonces está la tendencia a humanizar y personalizar lo ocurrido de una manera que no hemos hecho nunca", dijo Alejandro del Carmen, presidente del Departamento de Criminología y Justicia Penal de la Universidad de Texas en Arlington.

Bob Vincent, pastor de la Iglesia Grace en Alexandria, Luisiana, con frecuencia ve dolor y sufrimiento. Conoce el caso de un hombre cuya esposa de ahorcó y una mujer cuyo padre mató a su mamá.

Vincent opina que la dieta permanente de violencia de los estadounidenses a través de las noticias y actividades de entretenimiento los hace inmunes a la tragedia e influye sobre personas inestables. La presión económica y el rompimiento de la familia y la moralidad también contribuyen al problema, dijo.

Y cuando aceptamos lo horrible como inevitable, agregó, entonces uno deja de tratar de solucionar el problema.

"La gente deja de prestarle atención", dijo Vincent.

Pero hay una solución, dijo Elena Mustakova-Possardt, experta en salud social y sicoterapeuta.

Numerosas investigaciones indican que las redes sociales se desintegran rápidamente, dijo, desde la familia hasta las organizaciones y la credibilidad del gobierno. Pero la gente tiene necesidad de sentirse conectada con otras personas, y con comunidades, para desarrollar una vida plena y satisfactoria.

"Cada vez hay menos autoridad moral que mantenga la unidad", dijo Mustakova-Possardt. "Hay menos conexiones internas y modelos comunitarios de confianza".

"Estas formas extremas de violencia al azar lo dicen es que mi vida es absurda, nada me importa, me odio a mí mismo y a la sociedad", afirmó. "Hasta que todos hagamos de la salud social un proyecto compartido no podemos decir con honestidad que hemos hecho lo que podemos para mantener seguros a nuestros hijos"

AP