13 de noviembre de 2013 / 01:53 p.m.

Johannesburgo.- Dos personas han muerto y otras cinco han resultado heridas al estallar una bomba en una casa de compraventa de oro en Johannesburgo regentada por el controvertido empresario checo afincado en Sudáfrica y fugitivo de la Justicia de su país Radovan Krejcir, informa hoy la prensa local.

La bomba explotó ayer en el local, situado en el barrio acomodado de Bedfordview, donde reside Krejcir, condenado a 11 años en la República Checa por lavado de dinero en una trama política.

Una de las víctimas mortales es el también fugitivo de la Justicia checa Jan 'John' Charvat, a quien los medios sudafricanos sitúan como uno de los hombres de confianza más cercanos a Krejcir.

Con estos dos nuevos asesinatos, Krejcir, a quien se vincula con el mundo del hampa internacional, ya está relacionado de alguna forma con hasta doce muertes violentas, según dijo al diario "The Star" el investigador forense de la Policía Paul O'Sullivan.

En el último de estos homicidios, ocurrido el pasado 13 de octubre, Bassam 'Sam' Issa, que supuestamente se reunía a menudo con Krejcir y estaba implicado en el suministro de drogas a locales nocturnos de Johannesburgo, fue tiroteado cerca de su domicilio en Bedfordview.

Tres meses antes, en el más célebre de los episodios de la 'saga Krejcir', el empresario checo sobrevivió a un intento de asesinato de tintes cinematográficos, al ser tiroteado su vehículo por armas activadas por control remoto que habían sido emplazadas en otro vehículo.

"Toda mi vida es al estilo de James Bond", dijo entonces Krejcir a la prensa local.

Krejcir, que asegura ser víctima de una campaña política en la República Checa, ha pedido asilo en Sudáfrica para escapar de la pena que debe cumplir en su país natal.

Tras ser detenido en 2007 a su llegada al país austral, Krejcir ha conseguido retrasar durante al menos cinco años la decisión judicial sobre su extradición, y la nueva vista sobre la cuestión tendrá lugar el próximo 9 de diciembre.

La presencia de Krejcir en Bedfordview han convertido los ajustes de cuentas en algo habitual en el barrio.

EFE