28 de junio de 2013 / 01:06 p.m.

Con 68 votos a favor, incluidos 14 de republicanos, y 32 en contra, los legisladores aprobaron la mayor modificación en la materia para legalizar indocumentados desde 1986; pide Obama frenar esfuerzos por torpedearla.

 

Washington • El Senado de Estados Unidos aprobó ayer, con amplio apoyo bipartidista, la mayor reforma migratoria para la legalización de los indocumentados desde 1986, en una demostración de fuerza pensada para convencer a los escépticos en la Cámara de Representantes, donde afronta un futuro incierto.

La medida S.744 logró 68 votos a favor, incluyendo el “sí” de 14 republicanos, y 32 en contra, y su esperada aprobación puso fin a tres semanas de debate.

La iniciativa, de más de mil páginas, tiene que ser aprobada por la Cámara de Representantes, donde afronta la oposición de republicanos que controlan ese órgano legislativo.

Tras la aprobación, el presidente de EU, el demócrata Barack Obama, que prometió la reforma al electorado hispano durante las campañas de 2008 y 2012, instó a la Cámara baja a que siga el ejemplo del Senado.

“Hoy, el Senado cumplió con su tarea. Ahora le toca a la Cámara de Representantes hacer lo mismo”, dijo Obama en un comunicado, y pidió la ayuda de la opinión pública para frenar cualquier esfuerzo por torpedear la iniciativa.

“Tenemos una oportunidad única de corregir nuestro maltrecho sistema de inmigración de forma que defienda nuestras tradiciones como nación de leyes y nación de inmigrantes. Solo necesitamos que el Congreso complete su labor”, puntualizó el mandatario.

La reforma negociada por el Grupo de los ocho —cuatro senadores demócratas y cuatro republicanos— condiciona la legalización de los indocumentados a la seguridad fronteriza; incrementa drásticamente la vigilancia en la frontera con México y establece medidas para controlar futuros flujos migratorios.

Entre otros elementos, exige que los indocumentados que cumplan con varios requisitos primero obtengan un permiso temporal y luego deberán esperar hasta 13 años para conseguir la residencia permanente y eventual ciudadanía. El trámite será más rápido para estudiantes indocumentados que vinieron a EU siendo menores y para los trabajadores agrícolas.

También extiende a todo el territorio estadunidense el uso obligatorio del programa E-Verify, para que las empresas verifiquen el estatus migratorio de sus nuevos empleados, y refuerza la vigilancia fronteriza con un plan de 46 mil millones de dólares, que incluye la duplicación a 40 mil del número de agentes fronterizos, muros en mil 126 kilómetros y el uso de aviones no tripulados (drones).

El voto, presidido por el vicepresidente de EU, Joe Biden, fue aplaudido por activistas apiñados en la galería del hemiciclo y que, pese a las advertencias de mantener silencio, gritaron las consignas “Yes we can” y “yes we did” (“Sí podemos” y “sí lo hicimos”), eslogan de campaña del presidente Obama, en señal de celebración.

Votando desde sus escritorios y con los 100 senadores presentes, una tradición reservada para decisiones de gran trascendencia, tanto demócratas como republicanos ofrecieron a lo largo del día apasionados discursos.

“Es una legislación histórica que asegurará nuestras fronteras y ayudará a 11 millones de personas a legalizarse”, dijo el líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, en un discurso en el que se atragantaba.

El senador demócrata por Nueva York, Charles Schumer, miembro del Grupo de los ocho, dijo que la reforma da a los indocumentados la “oportunidad de conseguir la estabilidad y prosperidad económica para ellos y sus familias”.

El senador republicano por Florida, Marco Rubio, otro miembro del grupo negociador y considerado clave para captar el apoyo de los conservadores, salpicó su discurso con referencias a su familia inmigrante y a los símbolos patrios de EU, como la Estatua de la Libertad.

“Apoyo esta reforma no solo porque creo en los inmigrantes, sino porque creo en EU aún más”, dijo Rubio, que recibió palmadas y palabras de elogio del resto del Grupo de los ocho.

Pero el senador republicano por Texas, John Cornyn, se quejó de que el Senado “ha perdido la oportunidad de realizar una verdadera reforma”, mientras que su correligionario de Utah, Mike Lee, afirmó que la legislación fomenta la “disfunción” del Gobierno.

Cámara baja frena optimismo

Horas antes del voto, el presidente de la Cámara Baja, el republicano John Boehner, tiró un baldazo de agua fría a la reforma, al asegurar que ese órgano legislativo debatirá su propia medida para, ante todo, reforzar la seguridad fronteriza.

La Cámara baja “no va votar lo que apruebe el Senado” y se reunirá el próximo 10 de julio para analizar su estrategia, dijo.

La aprobación de la reforma, piedra angular de la agenda legislativa de Obama, fue elogiada por la amplia coalición de organizaciones hispanas, grupos cívicos, empresariales, religiosos y sindicales que la vienen promoviendo desde comienzos de la década.

“No podemos simplemente cerrar la puerta a gente honesta y trabajadora que busca la libertad u oportunidades económicas en esta gran nación”, afirmó Brent Wilkes, director ejecutivo de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), al señalar que la reforma es una apuesta en la que “todos ganan”.

EFE