13 de noviembre de 2013 / 02:13 a.m.

 

Filipinas.- Los alimentos, agua y ayuda médica que se necesitan desesperadamente están llegando a cuentagotas a la ciudad filipina de Tacloban, la más castigada por el tifón Haiyan, mientras miles de víctimas abarrotaron el dañado aeropuerto el martes con la esperanza de ser evacuados.

"Necesitamos ayuda. No llega nada", dijo Aristone Balute, una anciana de 81 años que no logró subir a un avión para salir de la ciudad. "No hemos comido desde ayer por la tarde". Balute tenía las ropas empapadas por la lluvia y lloraba.

Cinco días después del desastre, la ayuda ya está llegando: cuadrillas de médicos y plataformas llenas de agua y alimentos están esperando llegar a Tacloban. Pero la magnitud del desastre y los desafíos para hacer llegar la ayuda dan como resultado que pocas personas en esta ciudad, llena de escombros y cadáveres, hayan recibido apoyo. Las autoridades también están trabajando para determinar cuánta gente murió, y el presidente Benigno Aquino III dijo que la cifra de víctimas fatales podría de unas 2.000 o 2.500, menos de lo que se calculaba.

"Hay mucho por hacer. No hemos podido llegar a las comunidades remotas", dijo Valerie Amos, secretaria general adjunta de Asuntos Humanitarios y coordinadora de ayuda humanitaria de las Naciones Unidas. Amos hizo un llamado para recaudar 301 millones de dólares para ayudar a más de 11 millones de damnificados que se calcula dejó la tormenta.

"Incluso en Tacloban, debido a los escombros y las dificultades con la logística y otras cosas, no hemos podido tener el nivel de suministro que nos gustaría. Vamos a hacer todo lo que podamos para llevar más", dijo Amos.

El portavoz presidencial Edwin Lacierda dijo que la ayuda estaba llegando a la ciudad, y el suministro debería incrementarse en los próximos días ahora que el aeropuerto y un puente que conduce a la isla han sido abiertos.

"Ni una sola persona va a quedar desamparada; nadie que esté vivo será dejado atrás", afirmó. "Ayudaremos sin importar lo difícil que sea, sin importar lo inaccesible".

Tacloban, una ciudad de unos 220.000 habitantes en la isla de Leyte, sufrió los embates de los vientos y de marejadas tipo tsunami. La mayor parte de la ciudad está en ruinas, en un caos de casas, automóviles y árboles destruidos. Y los vecinos hambrientos se han llevado toda la comida y el agua de tiendas, gasolineras y centros comerciales.

Un equipo de Médicos Sin Fronteras, junto con suministros para hospitales, llegó a la isla de Cebú el sábado en busca de un vuelo hacia Tacloban, pero para el martes aún no había partido. Un portavoz del grupo dijo que era "difícil decir" cuando podrían salir hacia allá.

"Estamos en contacto con las autoridades, pero el aeropuerto (de Tacloban) es sólo para uso de las fuerzas armadas de las Filipinas", dijo Lee Pik Kwan en una entrevista telefónica.

Y en la ciudad a donde los médicos desean llegar, miles de víctimas del tifón intentaban escapar. Acamparon en el aeropuerto y corrieron hacia la pista cuando llegaron aviones, rebasando una verja de hierro rota mientras algunos soldados y policías intentaban controlarlos. La mayoría no logró abordar.

Un reportero de The Associated Press condujo un automóvil por la ciudad a lo largo de unos siete kilómetros (cuatro millas) el martes y vio más de 40 cadáveres. No detectó evidencia de ninguna entrega organizada de alimentos, agua o suministros médicos, a pesar de que gran cantidad de ayuda ha comenzado a llegar al aeropuerto. Algunas personas hacían fila para recibir agua de una manguera, presumiblemente del suministro municipal.

Los doctores en Tacloban están desesperados por obtener medicinas. A un costado de la torre de control arruinada del aeropuerto, en una pequeña clínica improvisada con cristales rotos, los médicos del ejército y la fuerza aérea dijeron haber atendido a alrededor de 1.000 personas por cortadas, golpes, laceraciones y heridas profundas.

"Es abrumador", dijo Antonio Tamayo, capitán de la fuerza aérea. "Necesitamos más medicinas. No podemos aplicar inyecciones contra el tétanos porque no tenemos ninguna".

A medida que pasa el tiempo sin que los sobrevivientes tengan acceso a agua limpia, alimentos, albergue y ayuda médica, aumentan las posibilidades de que se produzca una epidemia y la gente fallezca a consecuencia de las heridas sufridas durante la tormenta.

La cifra oficial de fallecidos era de 1.774 hasta el martes. Más de 9 millones de personas han sido afectadas en una amplia región del país, y muchas de ellas han quedado sin hogar.

La mayoría de los sobrevivientes pasó la noche bajo fuertes lluvias donde podían, en las ruinas de las viviendas destruidas, a cielo abierto a lo largo de carreteras y junto a árboles arrancados de raíz por los vientos. Algunos consiguieron dormir en tiendas de campaña entregadas por el gobierno o grupos de asistencia.

AP