LA ALDEA POR CORINE LESNES-LE MONDE
29 de agosto de 2013 / 03:01 p.m.

Washington • Un cierto envalentonamiento se apoderó de Washington en la perspectiva de bombardeos aéreos contra Siria. Muy pocas veces los ataques son explícitamente anunciados de esta forma. La cadena NBC aseguró que las operaciones comenzarían hoy, pero otros observadores destacan que no habrá ataques mientras los expertos en armas químicas de la ONU estén en Damasco.

 

El vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, insistió el martes que el presidente Obama aún no había tomado una decisión, insistiendo a la vez en que una respuesta es indispensable, si las grandes potencias de Occidente quieren preservar el régimen de no proliferación. "Es necesaria una respuesta. No podemos dejar que ese tipo de violación de las normas internacionales queden sin respuesta"

 

El escenario presentado a la prensa es el de un ataque "limitado", cuyo objetivo sería, según el Pentágono, "disuadir" al presidente sirio Bashar al Asad de usar gases tóxicos y de "disminuir" sus capacidades de hacerlo. Cuatro buques de guerra de EU están en el Mediterráneo, con una carga de 40 misiles crucero cada uno, así como un navío británico. "Estamos listos para ir allá", dijo el secretario de la Defensa, Chuch Hagel, quien se entrevistó con sus pares francés y británico, Jean-Yves Le Drian y Philip Hammond.

 

Falta saber cuáles son los blancos. Los sitios de depósitos químicos no pueden entrar en la lista, teniendo en cuenta los riesgos de diseminación de sustancias tóxicas y del hecho de que algunos de ellos estarían bajo el control de los Guardianes de la Revolución de Irán. El New York Times mencionó medio centenar de blancos —unidades militares, misiles, depósitos de armamentos— directamente ligados al deenunciado ataque químico del 21 de agosto en los suburbios de Damasco, ataque de una “obscenidad moral” que repugnó al secretario de Estado de EU, John Kerry.

 

La administración Obama ha pedido un compromiso de esfuerzo diplomático conjunto para intentar dar forma a la coalición de la cual busca rodearse el presidente de EU, a falta de una resolución de la ONU. El canciller Kerry llamó en dos ocasiones al titular de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, antes de que este publicara el martes un comunicado haciendo responsable a Damasco de las atrocidades cometidas y llamando a juzgar a los responsables de los ataques químicos. También llamó dos veces a su par jordano.

 

En 48 horas, el presidente, el vicepresidente, el canciller y el ministro de la Defensa de EU llamaron a casi medio centenar de jefes de Estado, según informó la vocero del Consejo de Seguridad Nacional. Tras dos años de ambigüedad, el gobierno del presidente Obama ha construido su lógica: “castigo” por el uso de armas químicas pero sin implicarse en la guerra civil. “No se trata de cambiar el régimen —insistió Jay Carney—, sino de responder a la violación patente de una regla internacional que prohíbe el recurso a las amaras químicas.”

 

La Casa Blanca pretende dar a conocer tal vez hoy mismo las pruebas de la responsabilidad del gobierno de Asad en el ataque en un suburbio de Damasco. Los servicios de inteligencia establecieron el hilo que condujo a los militares sirios a guardar, reunir y lanzar los cohetes tóxicos. A continuación, Obama explicará lo que sigue a sus compatriotas.

 

Pero ¿cuál puede ser el alcance del “castigo”? Numerosos expertos son escépticos sobre la eficacia de simples ataques de misiles crucero. Los ejemplares anteriores, de Sudán a Irak, muestran que éstos no bastan para cambiar la situación.

En 1998, trece días después de los atentados contra sus embajadas en Kenia y en Tanzania, EU lanzó 75 misiles contra campos de entrenamiento en Afganistán y Sudán. Esto no impidió a Osama Bin Laden resurgir tres años más tarde. En 1993, Bill Clinton esperó más de dos meses los resultados de la investigación sobre el intento de asesinato contra George Bush padre antes de ordenar ataques contra el cuartel general de los servicios secretos iraquíes. En una hora, 23 misiles Tomahawk cayeron sobre Bagdad, diez años antes de que George Bush hijo buscara a su turno “desarmar” a Sadam Husein.