PEPE MADRIGAL | @JOSEMADRIGALJ
31 de agosto de 2016 / 01:32 p.m.

La música de Alberto Aguilera Valadez, Juan Gabriel, es popular.

Popular en toda la extensión de la palabra, es del pueblo, es de la gente, es de ellos que lo sienten y que hacen suyas sus vivencias.

No hay duda que como la de otros grandes como José Alfredo, Lara, Manzanero o Cantoral, la música del querido Juanga es ya no de él sino del mexicano, de lo que vive y siente.

Se sabe, con sus temas, que era solitario, pues como muchos él no nació para amar, y desde sus 16 le fue difícil hallar ése cariño que todos buscamos en la vida.

Que a una mujer se le puede seducir con el simple hecho de hacerle una guirnalda con bugambilias. Eso las hacer sentirse divinas.

Con él viajamos a un bar de ficheras, el Noa Noa, a Parácuaro, cantando de sol a sol, a Acapulco, al Puerto de Vallarta y a su amada Ciudad Juárez, que a sus ojos es la número uno, the number one.

Muchos sinsabores son el alma de sus temas, pues te puede seguir amando y pedir que lo abraces fuerte, o te cuestiona el que lo hagas llorar, pues nadie desea sufrir. Como cualquiera, te puede querer mucho o nada, nada, nada.

Por él, sabemos que el amor es triste cuando ése ser que amamos parte, y se nos queda un hueco en el alma, ése que nada lo llena, ése del mal de amor.

Aborda en sus letras el amor desde todos los flancos: a la tierra en que uno nace, el de amigo, el de pareja, el de hermano y el amor que se le profesa a una madre.

Un amor sin condiciones que a veces no deja vivir, que está siempre en la mente y que pregunta: ¿Cómo te olvido?

Porque aunque el amor duela, con Juanga se vive, es parte del juego de vivir. A veces a él se llega demasiado tarde, ésa es la diferencia del tiempo y lugar correcto del amor.

Como Alberto, presumimos de la mano, platicando por la calle con nuestro amor, a quien le confesamos que a veces sólo hay eso, porque dinero, no.

Los temas de rechazo son importantes en su repertorio, porque todos lloramos, pero a nadie nos gusta que nos hagan llorar, que nos hagan sufrir.

Con él nos emborrachamos y cantamos "caray, me rechazaste por ser pobre, pero ahora vivo feliz".

A Juanga como a nosotros lo han engañado, y bueno, ése inocente pobre amigo es universal. Porque nos dejaron cuando aclaramos que del dolor no éramos partidarios y aún así tenemos que expresar "ya lo sé que tú te vas".

De esos males despertamos nuevos, saludando al Señor Sol. Damos gracias a Dios y seguimos. Sabemos que a veces quedarse en el pasado no vale la pena y que la gente farsante lentamente conocerá al justiciero destino.

Porque aunque nos estemos muriendo, como el palomo, tristes, bendecimos al amor.

Creemos, tenemos fe y decimos debo hacerlo todo, todo por amor. Ya lo pasado, pasado, no me interesa, qué lástima, pero amor es amor.

Las vivencias del Divo de Juárez se quedan por universales, ya son nuestras. Él podrá haberse ido, pero el amor, es eterno.