3 de mayo de 2013 / 01:35 p.m.

Mientras los neoyorquinos volteaban ayer al cielo para observar cómo era colocada la antena del nuevo WTC, como símbolo del fin de un negro capítulo escrito hace casi 12 años, el 11-S, por el terrorismo sobre la ciudad, Al Qaeda sigue siendo una amenaza para EU dos años después de la muerte de Osama bin Laden al resurgir en Mali, fortalecerse en Somalia e Irak y condicionar la estrategia de Washington en conflictos como el sirio.

Tan solo dos meses después de dar muerte a Bin Laden en el espectacular asalto el 2 de mayo de 2011 a su refugio de Abottabad (Pakistán), un confiado Leon Panetta, jefe por aquel entonces del Pentágono, aseguró en una visita a Afganistán que la derrota de Al Qaeda estaba “al alcance”.

Ese optimismo ha dado paso a una estrategia centrada en la cautela militar, la recopilación de inteligencia y la cooperación con países aliados para contener a una franquicia terrorista que brota en Oriente Medio y el norte de África.

Al Qaeda del Magreb Islámico, Al Qaeda de la Península Arábiga, Al Qaeda en Irak, el Frente Al Nusrah en Siria o la milicia Al Shabab en Somalia son los nombres de una amenaza que pese a no contar ya con Bin Laden sigue inspirándose en su extremismo.

La sombra de Al Qaeda sigue planeando en la política exterior de Washington, como quedó patente en el ataque del 11 de septiembre de 2012 contra el consulado de EU en Bengasi, Libia, en el que murieron cuatro estadunidenses, entre ellos el embajador Chris Stevens.

El ex director de la CIA David Petraeus, afirmó en el Congreso en noviembre pasado que hay evidencias de que grupos vinculados a Al Qaeda participaron en el ataque al consulado.

Ese caldo de cultivo del extremismo, gestado en una Libia con grandes zonas en desgobierno tras la revuelta civil que acabó con el régimen de Muamar Gadafi, podría repetirse en Siria.

Ese temor ha llevado a EU a actuar con cautela en Siria, y es que pese a que la prioridad es derrocar a Bachar al Asad y sus aliados chiitas, Washington se resiste a enviar armas a los rebeldes, ante el temor a que acaben en manos de Al Qaeda.

En Mali, EU coopera desde principios de año en la operación militar liderada por Francia para detener a los islamistas en el norte del país. La incertidumbre persiste en vastas zonas del desierto del Sahel, donde acampan a sus anchas grupos como los que en enero secuestraron a decenas de trabajadores extranjeros en una planta de gas al sur de Argelia.

Al Qaeda crece también en Irak, donde toma partido por la minoría sunita y echa leña al fuego de las tensiones sectarias con la mayoría chiita.

Según el centro de estudios Council of Foreign Relations, Al Qaeda trata de aumentar su influencia en la radicalización de los movimientos separatistas musulmanes en Chechenia y otras repúblicas del Cáucaso en el conflicto abierto con Moscú desde el fin de la Unión Soviética (URSS, 1990).

Pese a que al parecer los hermanos Tsarnaev, originarios del Cáucaso y sospechosos de los atentados de Boston el pasado 15 de abril, actuaron solos, la semilla del islamismo radical estuvo muy presente en su actuación.

Ese atentado, el mayor en territorio estadunidense desde el 11-S, es un triste recordatorio de que el extremismo del que hacía bandera Bin Laden no murió con él en su escondite de Abottabad.

Pero ese temor que el Pentágono y la Casa Blanca no niegan al observar cómo los tentáculos del extremismo se extienden en el mapa, no ensombreció ayer una jornada muy especial para Nueva York cuando cientos de sus habitantes y de turistas se acercaron hasta la zona cero, en el sur de la isla de Manhattan, para ver a los operarios subir la última pieza de la antena que convertirá al rascacielos One World Trade Center en el techo de América.

Una vez concluya el montaje, en una fecha todavía sin determinar, el imponente rascacielos de mil 776 pies (en concordancia con el año de la independencia estadunidense), que reemplazará a las Torres Gemelas destruidas el 11-S, se convertirá en el edificio más alto del continente americano.

Su colocación, que coincidió con el segundo aniversario de la muerte de Bin Laden, estaba prevista para el lunes, pero el mal tiempo y el viento que sopló ese día en la ciudad obligó a la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey a aplazarla.

— JAIRO MEJÍA-AGENCIAS-EFE