19 de junio de 2013 / 06:56 p.m.

Miles de personas han vuelto este martes a lanzarse a las calles de ciudades como Sao Paulo y Río de Janeiro para protestar por el alza del valor del transporte, criticar la corrupción y reclamar mejores servicios públicos, pocas horas después de las multitudinarias protestas que tuvieron lugar en la jornada del lunes.

Como respuesta a las mismas, las autoridades de al menos seis ciudades han anunciado este martes la reducción de las tarifas de transporte público. Por su parte, la presidenta del país, Dilma Rousseff ha declarado que "la voz del pueblo tiene que ser escuchada" y ha celebrado "con orgullo" el carácter reivindicativo del pueblo brasileño.

En las movilizaciones de este martes han participado unas 50.000 personas, según el Instituto Datafolha, lo cuál ha supuesto un descenso de varios miles de personas respecto a las protestas del lunes.

En la jornada del lunes, las protestas reunieron a cerca de 250.000 personas en una veintena de municipios de todo el país, la mayor movilización desde que en 1992 una multitud pidió la destitución por un escándalo de corrupción del entonces presidente, Fernando Collor de Mello, que acabó dimitiendo.

Las protestas comenzaron en Sao Paulo la segunda semana de junio, exclusivamente contra la subida de las tarifas de transporte público, pero han revelado un descontento social oculto.

Las reivindicaciones ahora incluyen mayores inversiones en la salud y la educación pública, y críticas a los elevados gastos del Gobierno para organizar eventos como el Mundial de fútbol de 2014 o la Copa Confederaciones que se disputa este verano de 2013, en cuya inauguración también hubo incidentes.

Violencia en Sao Paulo

A pesar de que la protesta, de nuevo, ha vuelto a iniciarse con carácter pacífico, un grupo de manifestantes ha atacado el edificio de la alcaldía de Sao Paulo, provocando que la guardia municipal se refugiase dentro.

Ha sido entonces cuando los manifestantes han aprovechado la ausencia de fuerzas de seguridad para realizar pintadas reivindicativas en las paredes y lanzar vallas y otros objetos contra las ventanas, provocando la ruptura de varios cristales.

Poco después, en cambio, otro grupo de manifestantes al grito de "sin violencia" ha restablecido las vallas frente al ayuntamiento y ha realizado un cordón humano para evitar que continuasen los actos violentos contra el edificio.

También se han producido saqueos que ocurrieron en el centro y en las cercanías de la Paulista, el eje central de Sao Paulo, por minorías que no representaban al movimiento y que destruyeron sucursales bancarias y entraron en tiendas para robar.

Por otro lado, los integrantes de la protesta han abucheado a personas que llevaban banderas de partidos, en un intento de mantener la movilización sin una adscripción política. 

Posteriormente han quemado un muñeco con las caras del alcalde y el gobernador del estado. El primero, Fernando Haddad, es correligionario de la presidenta Dilma Rousseff en el Partido de los Trabajadores (PT), y Geraldo Alckmin, gobernador del estado de Sao Paulo, es dirigente del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Los manifestantes han anunciado nuevas movilizaciones para esta semana, incluida una para el jueves en Río de Janeiro.

EFE