EFE
20 de julio de 2013 / 02:46 a.m.

 

Fort Meade, EU • En la recta final de la corte marcial contra el soldado Bradley Manning, de 25 años, el gobierno estadunidense se concentró hoy en probar la "deslealtad" que llevó al militar a realizar una de las mayores filtraciones de información secreta de Estados Unidos.

La jueza militar Denise Lind dijo al final de la jornada de hoy que el juicio castrense se cerrará con las declaraciones finales de las partes el próximo jueves y en los días posteriores se producirán las deliberaciones.

El momento de la verdad se acerca para Manning, que al haberse declarado culpable de la mitad de los 21 cargos de que se le acusa, recibirá un veredicto condenatorio con toda seguridad. El cargo más grave al que se enfrenta el soldado de 25 años es el de "ayuda al enemigo", que ayer la jueza militar, la coronel Denise Lind, rechazó desestimar y que podría suponer la cadena perpetua.

Si fuera encontrado culpable de todos los cargos excepto el de "ayuda al enemigo", el que la Fiscalía ha intentado probar con más fuerza, podría ser condenado a un máximo de 154 años. Hoy Manning asistió callado a una jornada en la que intentaron demostrar su falta de lealtad como motivo para explicar la filtración de más 700 mil documentos clasificados a WikiLeaks.

Jihrleah Showman, una supervisora de Manning, declaró que pensó que el acusado parecía un "espía", tenía comportamientos paranoicos y pasaba largas horas frente al ordenador.

"La bandera no significaba nada para él y no se consideraba vinculado por juramento a este país ni a nadie", indicó Showman, que supervisó a Manning antes de su despliegue en Irak, pero no preparó un informe escrito ni desaconsejó activamente que viajara al frente.

La ex militar relató que antes de viajar a Irak le señaló la bandera del uniforme y le preguntó sobre las razones de su ingreso en las Fuerzas Armadas, a lo que Manning contestó que se debía a que no podía pagar sus estudios.

Showman describió a Manning, que cuando fue desplegado en Irak en octubre de 2009 estaba a punto de cumplir 23 años, como un joven inadaptado e indisciplinado que se quejaba de que le seguían y era "muy paranoico".

Durante ese tiempo, en el que Manning ha confesado que comenzó a recopilar y filtrar información clasificada, el soldado fumaba, trasnochaba frente a los ordenadores de trabajo del cuartel y consumía grandes cantidades de café, dijo Showman.

El juez defensor, David Coombs, confrontó a la testigo llamada por la Fiscalía e intentó probar que Showman no tenía buena relación con Manning y le guardaba rencor por un incidente en el que el soldado propinó un puñetazo a su supervisora.

Coombs dijo que la supuesta deslealtad apuntada por Showman fue expresada por Manning de otro modo: negando a guardarse "lealtades ciegas" o comportarse como un "autómata".

La defensa y la Fiscalía también interrogaron a dos superiores de Manning, que negaron tener constancia de que el soldado confesara que no sentía lealtad a la bandera o el país, algo que la acusación intenta subrayar para dar consistencia a su acusación de "ayuda al enemigo".

El oficial Kyle Balonek dijo que nunca recibió quejas sobre Manning por parte de Showman, mientras que el sargento Paul Adkins, que sufre problemas de memoria derivados de un accidente en Irak, no pudo aclarar si tuvo constancia de advertencias similares.

Durante mes y medio de juicio formal contra Manning, el gobierno estadunidense ha intentado probar que el soldado conocía tanto las acciones de sus actos, como la posibilidad de que la información clasificada acabara en manos de enemigos como Al Qaeda vía internet.

Por su parte, la defensa ha intentado mostrar que Manning era un idealista, preocupado por la violencia gratuita de la guerra y que luchaba con problemas psicológicos por la imposibilidad de compaginar su deber militar con la homosexualidad, que por aquel entonces no se permitía expresar abiertamente en el Ejército.

La web Wikileaks puso en 2010 a EU en medio de una gran controversia al filtrar cables del Departamento de Estado, vídeos y registros de las guerras en Irak y Afganistán, la mayoría confidenciales y de contenido sensible y que incluyeron, entre otras revelaciones, informes controvertidos de líderes latinoamericanos.

Esa filtración reveló además, entre otros, miles de documentos sobre la guerra en Irak que consignaban numerosas denuncias de torturas y abusos que EU nunca investigó y muertes de civiles de las que no se informó.