12 de mayo de 2013 / 06:05 p.m.

Siria • El periodismo es tan subjetivo como humanos somos quienes ejercemos esta profesión. Te metes en la historia, la sientes, eliges el ángulo más adecuado y luego la publicas. Todo se configura según nuestras creencias y perspectivas. Es imposible no comprometerse con la narrativa que queremos trasmitir. O, al menos, debes compenetrarte lo suficiente para ser veraz y confiable sobre la historia que miles de personas leerán en diferentes partes del mundo. Una cuestión que muchas veces confundimos y nos lleva a quedarnos con un lado porque la emoción nos gana o los intereses se imponen.

Son pasadas las diez y decidí ir hasta el Hospital Principal de Damasco. No se cómo explicarlo pero desde hace varios días quería meterme en ese mundo. El bombardeo israelí y los enfrentamientos en las afueras de la capital dejaron muchísimos muertos y heridos pero las grandes empresas informativas no lo mostraron con ecuanimidad.

Enciendo la televisión y Al Jazeera, la cadena árabe (de Qatar) más influyente e ideológicamente en contra del presidente sirio Bashar al Asad, repite una y otra vez imágenes de víctimas de los bombardeos oficiales. Lo mismo hacen otras grandes televisoras internacionales y periódicos de referencia del mundo anglosajón e hispano. Agencias como Reuters y AP hablan de guerra total y de masacres.

¿Y del otro lado? ¿Alguno de ustedes sabía que las televisoras sirias están bloqueadas? Que quienes cumplimos con nuestra labor aquí no tenemos internet. Que la historia que consume Occidente es tan unilateral que sorprende la impunidad que manejan estas corporaciones de la información. No vi en la cadena CNN que se haya transmitido la conversación donde los líderes de la insurgencia felicitaban a los israelíes por los bombardeos del pasado fin de semana. ¿A qué están jugando los grandes medios?

Por eso, buscar el otro lado de la historia me llevó al hospital. Ver a los ojos a los heridos. Ahí hablé con soldados que sufrieron amputaciones y quedaron postrados en sus camas. Más de 150 heridos civiles por el bombazo de la aviación israelí a la Planta de Investigación. Casas destrozadas y laceraciones por el estallido de los vidrios. Hombres que quedaron ciegos por los morteros que cayeron en la periferia. Niños huérfanos. Padres con la mirada perdida y rezando en los pasillos.

¿Qué televisora mostró eso? Ninguna. Nadie habla de los muertos ni de los heridos del lado oficial. (Según el gobierno, 42 soldados sirios murieron en el último bombardeo israelí). No se trata como periodistas de jugarnos "por un lado". Muchos colegas, que se cuentan de hecho entre mis mejores amigos, es lo que hacen. Los respeto pero la guerra en Siria está siendo contada de un solo lado y eso debe acabar.

En 2004, a raíz de mis crónicas desde Libia sobre la revuelta en Falluya y Nayaf, donde tanta muerte me conmovió hasta los huesos, un familiar me hizo el siguiente comentario: "¿No crees que te estás yendo demasiado del lado de los insurgentes?". Me fui entonces con los soldados gringos para aprender que ellos tampoco tenían la culpa de todo. Los soldados son personas. Chicos peleando por intereses que ni siquiera comprendían. Las balas no distinguen.

También en Siria los muertos se cuentan hoy por millares. ¿Cómo entender esto cuando el mundo toma partido como si se tratase de un final de copa? Sadam, Ben Alí, Mubarak, Gadafi… todos ellos cayeron al final porque los grandes poderes así lo decidieron, y las agencias de noticias junto a la gran prensa internacional actuaron como inquisidores incansables. ¿Revoluciones? Cualquiera que revise el concepto en un diccionario encontrará su aplicación en ninguno de estos países sacudidos por revueltas.

Por eso hay que recorrer los hospitales y sentarse a platicar con la gente. Empaparse de su dolor sin preguntarnos de qué lado están. "Curamos a soldados, a civiles y también a rebeldes. No preguntamos nombres o si son extranjeros" (de Al Qaeda), me resumió un doctor cuando vio mi grabadora. Quizás la frase pone en evidencia lo lejos que están los medios de una postura así.

SANTIAGO FOURCADE / ENVIADO ESPECIAL