4 de diciembre de 2013 / 02:00 a.m.

Austin.- Jerry Martin se convirtió hoy en el último recluso en ser ejecutado en 2013 en Texas, que cierra el año con dieciséis muertes, una más que el año anterior, y se mantiene como el estado que más practica la pena capital en EE.UU.

Martin, de 43 años, fue declarado culpable y sentenciado a muerte hace cinco años por el asesinato de una agente del Departamento de Justicia Criminal de Texas, Susan Canfield, durante un intento de fuga de una prisión en Huntsville (Texas), la misma localidad en la que fue hoy ejecutado.

El pasado junio el condenado declinó su derecho a apelación: "A principios de este año mi padre falleció (...). Por primera vez en mi vida sentí lo que era perder a un ser querido. Creo que la familia de la señora Canfield merece este desenlace", justificó Martin, según reveló el diario local de Huntsville, "Item".

Agentes penitenciarios de varias unidades carcelarias del condado de Walker se concentraron hoy en Huntsville en señal de apoyo a la funcionaria Canfield, que murió hace seis años al ser atropellada por Martin.

Jerry Martin es el decimosexto recluso ejecutado este año en el estado, el número 508 desde que se reinstauró la pena de muerte en Texas hace tres décadas y el número 1.263 en toda la historia de la región, de acuerdo con datos de Texas Execution Information Center.

"Texas se mantiene muy por delante del resto de estados en ejecuciones sumando casi el 50 % de las que tuvieron lugar este año en EE.UU", declaró hoy a Efe Kristin Houle, directora ejecutiva de Texas Coalition to Abolish the Death Penalty, un grupo de presión contrario a la pena capital.

Pese a ello, el observatorio nacional Death Penalty Information Center detectó en los últimos años una notable reducción de las sentencias de pena de muerte en Texas, algo que espera que en los próximos años se traduzca en menos ejecuciones y sitúe a Texas en niveles similares a otros estados con pena capital.

"Los casos antiguos, como todos los reclusos que fueron ejecutados este año, siguen adelante y son ejecutados, pero probablemente Texas acabará teniendo en los próximos años menos muertes que otros estados", pronosticó en declaraciones a Efe el director ejecutivo de Death Penalty Information Center, Richard Dieter.

Mientras que en 1999 hubo 48 sentencias a pena de muerte en el estado, este año podría acabarse con una cifra inferior a los 10 dictámenes, una cifra que se ha estabilizado en los últimos años, aseguró el director ejecutivo.

Dieter atribuyó este cambio a una mejora en los últimos años de los recursos que los condenados tienen para apelar las decisiones y también a la evolución demográfica vivida en Texas desde 2006, con la llegada de habitantes de otros estados del país que apoyan menos esta práctica.

Las ejecuciones, aunque altas, también se redujeron: los 40 reclusos muertos en 2000 triplican los 16 con los que acabó este año.

Pese a ello, la población de Texas se declara abiertamente partidaria de la pena capital, muy por encima de la media estadounidense.

El 73 % apoya la práctica de la pena de muerte frente al 21 % que se opone, según una encuesta elaborada el pasado mayo por la Universidad de Texas y el digital "Texas Tribune".

Jerry Martin fue ejecutado en Huntsville, localidad al norte de Houston donde el Departamento de Justicia Criminal de Texas instaló el corredor de la muerte y donde practica las ejecuciones.

Martin, que ya cumplía condena por intento de asesinato en 1994 de unos agentes de policía, intentó huir en 2007 de un grupo de trabajo de la prisión y, una vez saltada la valla, robó una furgoneta y atropelló a la agente penitenciaria Canfield, montada en un caballo del que cayó, se golpeó la cabeza y murió en el acto.

Su cómplice y él huyeron a pie después de que los agentes dispararan contra los neumáticos del vehículo.

El cómplice, John Ray Falk Jr., ahora condenado a cadena perpetua, fue detenido al cabo de una hora y Martin, culpable de la muerte de la agente, tres horas y media después de la fuga.

Antes de final de año, hay previstas tres ejecuciones más en EE.UU.; dos en Oklahoma y una en Misuri.

EFE