18 de febrero de 2013 / 02:14 p.m.

 Libia celebró ayer el segundo aniversario de la revuelta popular que en 2011 derrocó al régimen de Muamar Gadafi, en un ambiente de preocupación por temor a eventuales actos de violencia en un país dominado por la inseguridad.

Desde el viernes los fuegos artificiales y las canciones revolucionarias marcaron los festejos, organizados en todas las ciudades del país.

"“La alegría que animó a los libios en las ciudades y las aldeas los días 15 y 16 de febrero permitió a los libios probar al mundo que son un pueblo civilizado, que se sublevó contra la injusticia y la tiranía y ganó su libertad"”, declaró el sábado el primer ministro Ali Zeidan.

El momento crucial de las conmemoraciones será un mitin el domingo en la Plaza Tahrir de Bengasi, bastión de la revolución, en presencia de Mohamed al Megaryef, presidente de la Asamblea Nacional, la principal autoridad del país, y de varios miembros del gobierno.

Por motivos de seguridad, la hora y el lugar del mitin no fueron comunicados por anticipado, lo que explica la escasa asistencia en la plaza, donde ayer por la mañana había menos de mil personas.

Policía, ejército y los ex insurgentes fueron movilizados para garantizar la seguridad en las ciudades, donde se colocaron numerosos controles, y el gobierno cerró la frontera terrestre durante cuatro días. También se suspendieron varios vuelos internacionales.

Sin embargo, a pesar de las severas medidas instauradas por las autoridades, "“la situación sigue siendo imprevisible”", dijo a la agencia AFP un diplomático destacado en Bengasi.

""Estamos tomando todas las precauciones. Nunca se sabe lo que puede suceder”", dijo este diplomático, que pidió el anonimato.

La semana pasada, el gobierno anunció su decisión de cerrar las fronteras con Túnez y Egipto, y suspender los vuelos hacia y desde Libia, excepto en los aeropuertos de la capital y Bengasi, del 15 al 18 de febrero.

El 17 de febrero de 2011 marcó el comienzo del levantamiento contra el régimen de Gadafi, con más de cuatro décadas en el poder, con apoyo incluso de las grandes potencias occidentales que terminaron decidiendo su caída, con Francia y EU a la cabeza.

Las primeras salvas de la revuelta partieron de Bengasi, mil 200 kilómetros al este de Trípoli, antes de extenderse a todo el país. En agosto los rebeldes tomaron el control de la capital, y el 20 de octubre Gadafi fue capturado en Sirte, su ciudad natal, y asesinado por milicianos.

Corregir el proceso

En Bengasi, el espontáneo ambiente festivo no impidió que los manifestantes criticasen a las nuevas autoridades. ïden que “corrijan el proceso revolucionario” y exigen una mayor descentralización del poder.

Según estas voces, las autoridades no avanzaron en los “objetivos de la revolución”, entre ellos activar la justicia, impulsar la economía y redactar una nueva Constitución que defina el futuro político del país.

El militante de los derechos humanos, Naser Huari, lamentó en Bengasi que “"la democracia y la justicia social sean aún un objetivo lejano"”.

Huari también lamentó que las milicias armadas controlen los organismos del Estado y el proceso de toma de decisiones, lo que es "“el mayor peligro que enfrenta el país"”. Los thowar(revolucionarios), organizados en milicias, que combatieron a las fuerzas de Gadafi hasta su muerte son considerados responsables de la inseguridad imperante y un obstáculo para el proceso de reconstrucción del Estado.

— AGENCIAS