10 de julio de 2013 / 10:23 p.m.

Bruselas • Un escándalo en los servicios de espionaje forzó hoy la dimisión del primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, que abandona el poder tras 18 años al frente del país al haber perdido el apoyo de sus socios en el Gobierno.

"Mañana propondré al Gran Duque la disolución de la cámara y la celebración de elecciones anticipadas", dijo Juncker al término de un maratoniano debate parlamentario en el que negó en todo momento su responsabilidad en las supuestas irregularidades cometidas por los servicios secretos del país.

Los comicios, a celebrarse posiblemente en octubre, podrían tener de nuevo al veterano líder democristiano como candidato, pues Juncker aseguró que volverá a presentarse a las urnas, según informa el diario L'Essentiel en su edición digital.

El primer ministro se defendió durante cerca de dos horas de todas las acusaciones sobre su supuesta mala gestión de los servicios de inteligencia del país, a los que según una comisión de investigación parlamentaria dejó cometer numerosas irregularidades, entre ellas escuchas ilegales y malversaciones de fondos.

Juncker, que aseguró desconocer en todo momento los supuestos delitos, reconoció únicamente ciertos "errores" por no haber vigilado todo lo estrechamente que habría podido al departamento de inteligencia, conocido con las siglas SREL. "Tenía el derecho de supervisar las actividades del SREL, pero no puedo controlar todo", se justificó, al tiempo que señaló que para ello confiaba en sus funcionarios.

El informe parlamentario, fruto de una investigación iniciada en diciembre de 2012, concluyó que el primer ministro fue "responsable" político de los problemas registrados entre 2004 y 2009 en los servicios secretos y le acusó de no haber prestado la suficiente atención a esos excesos.

Las pesquisas se iniciaron a raíz de la revelación de una escucha hecha por el servicio de inteligencia luxemburgués en el despacho del propio primer ministro. A las críticas por parte de la oposición, se sumó hoy también el partido socialista luxemburgués (LSAP), socio de gobierno de Juncker, presentando una moción de confianza contra el primer ministro.

Para el líder socialista, Alex Bodry, la responsabilidad política de Juncker "es manifiesta" y se debe sobre todo a su "omisión" por permitir las supuestas irregularidades, dijo durante su intervención en la sesión. "La gravedad de los hechos es tal que el primer ministro debería asumir sus responsabilidades", afirmó Brody en el debate parlamentario.

La moción de confianza no llegó a votarse, pues ante la pérdida de apoyos Juncker tiró la toalla y anunció su renuncia y la convocatoria de elecciones. El Gran Duque de Luxemburgo, jefe del Estado, será el encargado de disolver oficialmente el parlamento, lo que abre un plazo de tres meses para la celebración de nuevas elecciones.

Mientras tanto, el actual Gobierno se mantendrá en funciones, aunque no podrá tomar decisiones de importancia al carecer de respaldo parlamentario. La dimisión de hoy pone fin a 18 años ininterrumpidos de Juncker al frente de Luxemburgo, donde ha ocupado puestos en el Ejecutivo desde hace tres décadas.

El jefe del Gobierno compatibilizó sus funciones durante años con las de ministro de Finanzas y con las de presidente del Eurogrupo, cargo que ocupó desde su creación en 2005 hasta enero de este año. Desde ese foro, Juncker se consolidó como uno de los grandes protagonistas de la política europea y, en especial, de la gestión de la crisis financiera y económica.

Pese a sus problemas políticos, Juncker sigue contando con gran popularidad en su país y por ello los medios nacionales consideran que contaría con posibilidades de reelección en las próximas elecciones. Su partido, el democristiano CSV, ha liderado todos los Gobiernos luxemburgueses menos uno desde la Segunda Guerra Mundial.

La dimisión del Ejecutivo supone un hecho prácticamente inédito en el Gran Ducado, donde la vida política ha transcurrido tradicionalmente en un ambiente de gran tranquilidad.

 — EFE