16 de abril de 2013 / 12:19 p.m.

Venezuela • El candidato opositor Henrique Capriles invitaba por la tarde a la gente a salir a las calles. A protestar pacíficamente —reiteraba una y otra vez— contra el espurio, como calificaba al candidato ganador, Nicolás Maduro. El derechista les pedía a los ciudadanos que armaran un cacerolazo, una escandalera que se oyera en las calles de Caracas y de todos los rincones del país a partir de las ocho de la noche. Sí, el hombre incitaba a los suyos a una especie de catarsis colectiva, a sacar la furia, el coraje por ese 48.97% de votos que no había alcanzado al 50.75% del hijo espiritual de Hugo Chávez. Por esos siete millones 298 mil 491 votos que no habían sido suficientes para rebasar a los siete millones 563 mil 747 sufragios del antiguo chofer de autobús. Esa coordinada de 1.78 puntos porcentuales de menos, esos 265 mil 256 votos que lo habían dejado a nada del Palacio de Miraflores, de la casa presidencial, bien valían una noche de furia controlada…

Y le hicieron caso. Por la noche, miles de caraqueños tomaron sus motocicletas y sus coches y armaron una caravana que recorría varias zonas de la capital, principalmente las áreas de clase media para arriba. Ahí iban mujeres y hombres golpeando sus trastes por calles y avenidas que eran bloqueadas con pilas de fuego, con llantas, botellas de plástico y basura que los más jóvenes incendiaban para formar barricadas. Una pequeña insurrección nocturna de terciopelo con cantos, con consignas, con miradas de desesperación, de frustración, de cierto rencor. Tantos y tantos venezolanos que marchaban de un lado a otro, sin rumbo definido, como almas en pena. Tantas y tantas familias que se asomaban a sus balcones, a sus terrazas, a los portones de sus hogares para darle duro a los trastes. Viejos en pijama, padres y madres con sus pequeños que se lo tomaban a diversión extra en vez de tomar su lechita y a dormir, pero sobre todo, jóvenes, muchos jóvenes que se gastaban la garganta jurando y perjurando que no, que no se van a dar por vencidos, que tarde o temprano, todo va a cambiar…

—¡Esta dictadura chavista va a caer! ¡Ya falta es poquitico lo que falta para que caiga, para que les ganemos con votos!, decía un joven con el rostro cubierto con un paliacate y de mirada en llamas.

Los votos. Ahí había empezado todo el lío de este día, cuando el mundo parecía estar al revés, donde la derecha llamaba espurio al candidato de la izquierda y exigía un recuento voto por voto de los sufragios, mientras la izquierda acusaba de golpista a la derecha y las autoridades electorales, de manera súbita y expedita, le entregaban su constancia de ganador a Maduro sin revisar nada. El Consejo Nacional Electoral aseguraba que, en menos de 24 horas había revisado, auditado ya… el 54% de las casillas. Vaya velocidad tropical. Y eso desató la furia juvenil…

Cientos de jóvenes caprilistas se adelantaron a las ocho de la noche, al cacerolazo ordenado por su líder, y al grito de “"¡No-tenemos-miedo, no-tenemos-miedo!"”, bloquearon una autopista urbana y tuvieron una refriega con la policía antimotines. Gritos, empujones, algunos golpes, gases lacrimógenos, mucha furia de jóvenes embozados, pero finalmente ese brote de violencia no se extendió y todo quedó en algunos heridos leves.

Los votos, esos votos que causaban todo desde la mañana…

***

El presidente Nicolás Maduro invitaba a una conferencia de prensa para las 11 de la mañana. Súbitamente la cancelaba. Un pajarito le había dicho que fuera a recoger un pepelico, nos enteramos después. Así que primero las masas chavistas: llamaba el gobierno venezolano a los suyos a tomar las calles, a acudir a Plaza Caracas, en la misma avenida Bolívar del cierre de campaña, para “"proclamar Presidente Electo"” a su nuevo “"Comandante Supremo"”.

Pedía a la gente llegar a las dos de la tarde de este lunes para vitorear a su nuevo líder que, justo ahí, en las instalaciones del Consejo Nacional Electoral, sería declarado ganador y recibiría su constancia respectiva. Expedita justicia electoral. Menos de 24 horas después de que cerraran las urnas, el voto por voto se iba a la basura. Vertiginosa democracia tropical: no había tiempo que perder. Había que ungir al nuevo líder, que le pedía a Chávez que allá, desde el cielo, lo cuidara y lo guiara. Se sellaba el asunto. Dijera lo que dijera Capriles instantes después, aunque convocara a cacerolazos, a marchas para este martes ante los centros regionales electorales, y el miércoles a una gran marcha en Caracas, ¿qué podría pasar? ¿Que le quitaran su constancia a Maduro luego del abrazo con el que se fundió con Tibisay Lucena, la señora rectora del Consejo Nacional Electoral que sorpresivamente, a toda prisa, le había entregado su papelito de ganador cuando no había pasado ni un día de los comicios?

Nada que hacer. A pesar de que Maduro había aceptado la víspera un conteo del 100% de las casillas, nada, primero tenía que ser entronado. Eso sí, en las redes sociales empezaban los ajustes de cuenta del chavismo, que en relación a los resultados de octubre pasado perdió cuatro puntos porcentuales, los cuales ganó la oposición: a la sazón Hugo Chávez triunfaba con más de dos millones de votos. Así que el otro hombre fuerte de Venezuela, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, quien perdió la herencia de Chávez con Maduro, arremetía: “"Profunda autocrítica nos obligan estos resultados, es contradictorio que sectores del Pueblo pobre voten por sus explotadores de siempre"”, ponía en Twitter. Varios chavistas más lo emulaban. Pero Cabello no solo ponía eso, también: “"Busquemos nuestra fallas hasta debajo de las piedras pero (sic) no podemos poner en peligro a la Patria ni el legado de nuestro Comandante"”. Algo así como: “"¿Me estás oyendo inútil Maduro, ganaste por un pelito?"”. Luego trinaba algo más: “"Agradecimiento eterno para aquellos que le cumplieron al Comandante, lamentamos mucho que otros se dejaron seducir por la derecha perversa"”.

La derecha con protestas de tonos pejistas. La izquierda cobijada por el IFE local que decía que nada de voto por voto ni casilla por casilla. Un espurio en la presidencia que alertaba sobre un inminente golpe de Estado del imperio gringo y la derecha. La derecha protestando en la calle como… la izquierda. Venezuela en un día con el mundo al revés…

JUAN PABLO BECERRRA-ACOSTA/ENVIADO