25 de octubre de 2013 / 05:42 p.m.

Un juez  del Condado Riverside, debe decidir no cómo castigar a un niño por asesinato en segundo grado, sino cómo rehabilitar a un menos que creció en un entorno de abuso y que fue adoctrinado en las creencias de la supremacía blanca.

Este niño rubio a sus 10 años apuntó a la cabeza de su padre y lo mató mientras dormía, quien era un neonazi.

Los abogados han batallado durante meses qué es mejor para el menor. El niño está en el centro de detención de menores del condado desde la muerte de su padre pero estuvo tres meses en un centro estatal, donde fue evaluado para determinar dónde era más conveniente ubicarlo.

El niño asiste a clases, se somete regularmente a sicoterapia y ha logrado avanzar en el control de los violentos arrebatos que provocaron que lo expulsaran de casi todas las escuelas. Con el tiempo, incluso se ha ganado el afecto del fiscal que logró que lo condenaran.

“Me he ido acercando a él de una forma extraña. Disfruto de verlo crecer y cambiar, pero estoy convencido de que le ha ido mucho mejor en un entorno carcelario cuasi militar”, dijo Michael Soccio, fiscal adjunto de distrito del Condado Riverside. “Parece gustarle, conoce las reglas, lo que se espera de él y lo tratan dignamente”.

Por eso es que Soccio cree que al menor, que ahora tiene 13 años, le iría mucho mejor en el sistema penal juvenil, donde iría a la escuela y viviría con otros reos de su misma edad en una instalación de alta seguridad, posiblemente hasta los 23 años. Pero los abogados defensores dicen que el menor tiene discapacidades emocionales graves y que el estado no tiene condiciones para manejarlas.

Por eso quieren verlo en un centro residencial de tratamiento, donde la seguridad es menor y la terapia más intensa. Punam Patel Grewal, abogada del niño, dijo que también correría peligro en una instalación estatal por las creencias neonazis de su padre.

“Es un lugar muy peligroso para él, es muy vulnerable”, dijo. “Cuando salga a los 23 años, tendremos un enorme problema”.

AP