— AGENCIAS
3 de septiembre de 2013 / 03:38 p.m.

 París/Washington • El gobierno francés dio a conocer ayer un documento con supuestas pruebas del uso de gas venenoso en el ataque del 21 de agosto cerca de Damasco, en el que asegura que “sólo pudo ser ordenado y dirigido por el régimen sirio”.

El documento publicado en la página web del primer ministro Jean-Marc Ayrault, se basa en conclusiones de sus servicios de inteligencia.

 

El informe de nueve páginas revela que hubo dos ataques con armas químicas: en abril en la provincia de Idlib y en agosto en el suburbio oriental de Jobar, cerca de Damasco. Las pruebas realizadas a las víctimas de los supuestos ataques revelaron el uso de gas sarín.

 

El análisis de 47 videos del atentado demostró que perdieron la vida al menos 281 personas. En el hospital de Douma, la mitad de las víctimas eran mujeres y niños, y en 50 por ciento de los casos la muerte fue inmediata. El impacto de los efectos de los ataques químicos mostró que la probable cifra de muertos fue de alrededor de mil 500, señala el informe.

 

Si bien el gobierno sirio acusó a la oposición de llevar a cabo el ataque, el informe descarta dicha aseveración alegando que los rebeldes no tenían ni tienen la capacidad de almacenar armas químicas en grandes cantidades. La oposición tampoco tiene la experiencia o los conocimientos para lanzarlos, afirma el gobierno en el documento.

 

Ayrault se reunió ayer con líderes parlamentarios, a quienes informó sobre los hallazgos de la inteligencia francesa previo a un debate sobre Siria en el Parlamento previsto para mañana.

 

El presidente francés, François Hollande, se encuentra ante una creciente presión para seguir el ejemplo de Reino Unido y Estados Unidos a la hora de buscar la aprobación parlamentaria en caso de una potencial acción militar.

 

El anuncio del presidente estadunidense, Barack Obama, de que consultará al Congreso —que está en receso hasta el 9 de septiembre— sobre una posible intervención, dejó a Hollande solo en su amenaza de “castigar” a Siria, sin la luz verde del Legislativo.

 

Sin embargo, París respondió diciendo que la Constitución no exige que el presidente pida autorización al Parlamento para iniciar una guerra. Ayrault reiteró su postura: “La decisión final, cuando se constituya una coalición, sólo puede ser tomada por el presidente”.

 

Al Asad rechaza las acusaciones y amenazó ayer a Francia con tomar represalias en su contra en caso de que la nación europea decida participar en acciones militares contra Siria.

 

“Oriente Medio es un polvorín. Nadie puede saber lo que va a pasar. Tendrá repercusiones, negativas, por supuesto, para los intereses franceses”, dijo el líder sirio en entrevista con el diario francés Le Figaro en Damasco.

 

Por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las declaraciones siguen siendo cautas. El secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, dijo en Bruselas que la decisión de tomar o no acciones militares se encuentra en manos de los gobiernos y no ve que la Alianza deba asumir allí un papel.

 

Rasmussen aseguró que cuenta con “información concreta” sobre el uso de armas prohibidas en Siria. “Y estoy convencido de que el régimen sirio es responsable”, dijo.

 

“Sería una señal peligrosa a todos los dictadores del mundo si sólo miráramos sin hacer nada y no reaccionamos”, agregó. Pero la decisión sobre cómo responder se tomará en “las capitales de países puntuales”, no en la OTAN, agregó.

 

En Estados Unidos, los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham afirmaron ayer que apoyan una reacción contra el uso de armas químicas por parte del régimen del presidente Bashar al Asad.

 

Ambos manifestaron que tras una reunión con el presidente Obama se está cristalizando una estrategia que no sólo le restará fuerzas al gobierno sirio, sino que se tratará de “un plan muy sólido para reactivar a la oposición”.

 

McCain y Graham hicieron hincapié en que ahora el Congreso decidirá si Estados Unidos va a emprender una acción militar. Un voto negativo en el Congreso sería “catastrófico” y “destrozaría” la credibilidad de Estados Unidos, advirtieron.

 

El presidente israelí, Shimon Peres, reiteró su confianza en Obama poco después de que el líder estadunidense aplazara una posible intervención militar en el país árabe.

 

En tanto, el presidente palestino Mahmud Abas dijo que se opone a un ataque por una cuestión de soberanía. Mientras Siria está en una situación “muy peligrosa”, la autoridad palestina “no quiere que un país árabe sea atacado” por una fuerza extranjera, indicó.

 

Por su parte, Rusia exigió nuevamente a Estados Unidos la presentación de pruebas de que el régimen sirio realizó ataques con gas nervioso contra la población civil y advirtió que una posible intervención militar pondría en peligro la conferencia de paz de Ginebra prevista desde hace meses para tratar la crisis siria.

 

“Washington nos ha entregado material, pero éste no contiene nada concreto de quién tomó las pruebas y dónde”, reveló el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, en Moscú.

 

El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció que parlamentarios viajarán pronto a Estados Unidos para hablar con miembros del Congreso sobre un eventual ataque militar.

 

También China ha expresado su preocupación sobre la posibilidad de cualquier ataque unilateral contra Siria por parte de Estados Unidos.

 

Londres descarta plantear nueva votación

El gobierno británico descartó ayer plantear al parlamento una nueva votación para atacar Siria tras perder la que planteó la semana pasada, pero podría cambiar de opinión si las circunstancias varían mucho.

 

El primer ministro David Cameron perdió el jueves una votación en la Cámara de los Comunes cuando planteó la posibilidad de atacar militarmente al gobierno de Bashar al Asad en respuesta al uso de armas químicas.

 

Pero después de que el presidente estadunidense Barack Obama anunciara que pediría al Congreso que autorizara una operación militar por esa razón, el tema vuelve a ser objeto de debate en Londres.

 

“Creemos que el parlamento habló claramente sobre este tema y es improbable querer abordarlo de nuevo, excepto si las circunstancias cambian significativamente”, dijo el secretario de Defensa británico, Philip Hammond.

 

Tanto Cameron como su viceprimer ministro, Nick Clegg, habían dicho que no planeaban una nueva votación “en absoluto”, según los términos de un vocero de Downing Street.