1 de mayo de 2013 / 01:01 p.m.

Fadhel Husein Saleh Hentif es uno de los aproximadamente cien detenidos en huelga de hambre en la prisión de la Bahía de Guantánamo, Cuba. Fue capturado en 2001 por los paquistaníes después de cruzar la frontera desde Afganistán y, para 2002, estaba en las instalaciones de las fuerzas navales estadunidenses. Tenía 20 años. Desde entonces permanece ahí.

Aunque los estadunidenses afirman que Hentif abandonó su hogar en Yemen para convertirse en un yijadista de Al Qaeda, él siempre ha insistido en que estaba en el lugar y el momento equivocados.

Como la mayoría de los prisioneros de Guantánamo, Hentif pasó años en confinamiento solitario. Fue sujeto a “técnicas alternativas de interrogación” como eran llamadas. Vio a la administración de (George W.) Bush liberar a más de 500 de los 779 detenidos que pasaron por Guantánamo. Aprendió todo sobre los abogados argumentando en la corte que los detenidos tenían el derecho legal a una audiencia de habeas corpus para probar que no eran combatientes enemigos y que habían sido detenidos ilegalmente.

En 2008, la Suprema Corte dictaminó que no tenían ese derecho. Ese mismo año, un candidato presidencial, Barack Obama, prometió cerrar Guantánamo. Eso nunca sucedió, aunque el ahora mandatario continuó con la política de G. W. Bush de liberar detenidos que no eran considerados como una amenaza. De hecho, Hentif estaba entre aquellos que serían liberados. A fines de 2009, estaba a horas de volar a Yemen cuando un hombre en un vuelo comercial a Detroit intentó detonar explosivos escondidos en su ropa interior. Debido a que este supuesto terrorista habría sido entrenado por una rama de Al Qaeda con bases en Yemen, el Congreso exigió a la Casa Blanca no liberar a más detenidos de Yemen. Obama aceptó.

Hentif tuvo una audiencia de habeas corpus en 2010, pero para entonces la Corte de Apelaciones de EU para el distrito del circuito de Columbia había convertido en una burla el dictamen de la Suprema Corte, estableciendo presunciones probatorias que hacían imposible que un detenido ganara un dictamen de habeas. Seguro, un juez dictaminó en su contra en 2012, a pesar de concluir, entre otras cosas, que Hentif nunca había estado en un campo de entrenamiento de Al Qaeda, como alegaba el gobierno.

Mientras tanto, junto con otros 55 detenidos originarios de Yemen, fue incluido en una lista de autorizados para su liberación compilada por una comisión compuesta por funcionarios de seguridad nacional, lo que significaba que podía ser transferido fuera de Guantánamo. Pero el Congreso, dirigido por los senadores John McCain y Lindsey Graham, ambos republicanos, rápidamente aprobó leyes que establecieron condiciones imposibles para su liberación. Vergonzosamente, el presidente Obama las firmó.

No es posible saber con seguridad qué inició la huelga de hambre. Los abogados de los detenidos dicen que los militares, después de años de soltar las riendas —incluyendo la eliminación del confinamiento solitario de muchos prisioneros— estaban ajustando los tornillos nuevamente, sin ninguna razón. En cambio, la autoridad castrense insiste en que los procedimientos no cambiaron, sino que los detenidos habían comenzado a romper y cubrir a las videocámaras de vigilancia y a negarse a cumplir las órdenes de detenerse.

El 13 de abril, con la huelga de hambre extendiéndose, los militares hicieron una redada en la prisión y volvieron a poner a los detenidos en calidad de confinamiento en solitario.

Las autoridades estadunidenses argumentan que lo hicieron porque así es más seguro que los detenidos en huelga de hambre coman, al no estar rodeados de otros ayunantes.Eso no está funcionando, hay más detenidos negándose a comer hoy que antes de la redada del 13 de abril. Para obligarlos a comer, los militares les ponen sondas nasogástricas con un procedimiento extremadamente doloroso llamado “alimentación enteral”.

¿Existen terroristas presos en Guantánamo?

Sí, el gobierno sabe quiénes son y los mantienen alejados de los demás detenidos, pero la huelga de hambre es un recordatorio de que Guantánamo sigue siendo exactamente lo que siempre ha sido: una mancha sobre nuestro país.

— JOE NOCERA/INTERNACIONAL HERALD TRIBUNE