6 de septiembre de 2014 / 05:34 p.m.

Buenos Aires.- Alejandra Gallardo no quiere llorar a Gustavo Cerati porque, dice, su ídolo musical no murió, sólo se transformó en una leyenda del rock aquí y en América Latina, y las leyendas son inmortales.

Gallardo, de 27 años, sale cabizbaja de la Legislatura de Buenos Aires, en donde el viernes por la mañana se formó durante más de dos horas para dejar un ramo de claveles rojos en el ataúd de Cerati, quien murió el jueves tras cuatros años en estado de coma.

"Pero no me vine a despedir, no le diremos adiós a Gustavo, porque él siempre va a permanecer con nosotros a través de su música", confía Alejandra, quien está segura de que el talento del músico argentino traspasará generaciones.

Ella, como miles de veinteañeros que acudieron en masa al velorio y después al entierro de Cerati, eran apenas unos niños o de plano no habían nacido cuando Soda Stereo llegó a revolucionar el escenario musical del país sudamericano.

A mediados de la década de 1980, cuando los argentinos recién recuperaban la democracia después de una dictadura sangrienta, apareció un trío rockero formado por Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti.

La banda, que bautizaron como Soda Stereo, sorprendió con una imagen a lo The Cure, con cabellos largos y estilizados con kilos de gel, maquillaje negro en los ojos, ropa holgada y colorida, y sobre todo, un sonido propio que sorprendió a todos.

"Yo era adolescente y me le declaré a mi novia con ‘Trátame suavemente’. A partir de ahí, las canciones de Soda me acompañaron, son la banda sonora de mi juventud", cuenta emocionado Rafael Gatti, a quien la lluvia no le impidió esperar pacientemente su turno en la larga fila de la Legislatura.

Antes de ir al velorio de Cerati, Rafael compró flores amarillas y fue uno más de los muchos hombres a los que no les importó romper estereotipos para llevarle ramos coloridos a otro hombre al que consideraba un amigo, aunque nunca hubiera compartido una cena con él.

"Para mí, Gustavo ya era una leyenda desde hace mucho, es uno de los músicos más importantes de la historia de Argentina y de América Latina, eso la muerte no se lo va a quitar. Por el contrario, ahora será revalorizado", aseguró.

Gatti tiene razón, porque bastó que el jueves se confirmara el fallecimiento de Cerati, para que los medios latinoamericanos apresuraran ediciones especiales, homenajes y tristes crónicas por la partida del músico que estuvo más de cuatro años en estado de coma.

En Argentina, además del luto, había un sentimiento de frustración desde aquel 15 de mayo de 2010, cuando un accidente cerebro-vascular postró al artista cuando estaba en uno de los mejores momentos de su carrera.

Cerati disfrutaba con una gira internacional el éxito de "Fuerza natural", el último de sus discos que consolidaba su carrera como solista después de la separación de Soda Stereo que en 1997 había sorprendido a los fanáticos del grupo.

Para entonces, discos como "Nada Personal", "Signos", "Canción animal", "Doble Vida" y "Ruido blanco", entre otros, habían pasado a formar parte de la colección de música indispensable para conocer, entender y apreciar el rock surgido en el sur del mundo que se expandió hacia todo el continente.

Con la separación de Soda, Cerati inició una sólida carrera con el álbum "Bocanada", al que le siguieron "Siempre es hoy", "Ahí vamos" y finalmente, "Fuerza natural".

Todo acabó en esa gira por Venezuela en la que, al término de un concierto, se sintió mal y cayó en un largo sopor en el que siempre estuvo acompañado por sus leales fans, quienes ahora se dedicarán a alimentar la leyenda de un artista que, desde el viernes, reposa en el cementerio de los músicos en Buenos Aires.

FOTO: Especial

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