1 de mayo de 2013 / 12:10 a.m.

Londres  • El Gobierno británico debe afinar su gestión del referéndum de independencia de Escocia de 2014 si quiere minimizar el daño que una eventual secesión causaría al resto del Reino Unido, según concluye un informe parlamentario divulgado hoy.

La comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento británico reconoce que, aunque es difícil de medir, es "inevitable" que si Escocia se independiza, ello perjudique "en mayor o menor grado" la reputación internacional de lo que quedaría del Reino Unido.

Los diputados, encabezados por el conservador Richard Ottaway, instan al Gobierno de David Cameron a tomar medidas preventivas para reducir ese impacto, lo que incluiría -dicen- "subrayar a los socios internacionales que existe un compromiso para abordar la cuestión del referéndum de forma amplia y consensuada".

De acuerdo con la comisión, el Ejecutivo de Londres se ha centrado en proporcionar argumentos en contra de la independencia, sin entrar a valorar qué pasaría en relación a diversos asuntos, como la economía o la defensa, si Escocia finalmente se convirtiera en independiente.

Esa posición contraria a abordar el escenario post independencia, que también le achaca el Gobierno autónomo escocés, crea inseguridad en los socios internacionales y no contribuye a aclarar el panorama, apuntan los diputados.

"Los testimonios coincidieron en que la manera en que el resto del Reino Unido (abreviado RUK) maneje la ruptura, influirá de forma significativa en el alcance del daño a su reputación y la pérdida de prestigio internacional", señala el documento.

El problema con la estrategia del Gobierno británico -que asume que los escoceses escogerán quedarse en el Reino Unido- es que "los países de la comunidad internacional dudan sobre qué respuesta deben dar ellos mismos a la independencia", dado que Londres no contempla esa opción.

"Dudan sobre lo que significa el referéndum de Escocia y sobre lo que podría significar la independencia escocesa", apuntan los parlamentarios.

El Gobierno autónomo escocés, liderado por el SNP de Alex Salmond, reclama al Ejecutivo de Cameron que entre en un debate sobre cómo se gestionaría la independencia -cómo se distribuirían los recursos del petróleo o se transferirían las competencias-, algo que este rechaza al considerar que sería una prenegociación de los términos.

Sin embargo, esta posición -la falta de planes de contingencia- crea incertidumbre sobre el estatus para el resto del Reino Unido y aumenta el riesgo de daño a su reputación internacional, insiste el informe.

Los diputados también consideran que el Partido Nacionalista Escocés (SNP) da "mucho por sentado" al plantear sus argumentos, como por ejemplo la retirada de la costa escocesa del sistema británico de disuasión nuclear Trident, algo que -advierten- posiblemente no fuera viable a corto plazo.

Los parlamentarios alertan de que, entre otras cosas, esa retirada afectaría a la voluntad negociadora del resto del Reino Unido en cuanto a la independencia y demás asuntos "en los que Escocia necesitara asistencia".

Aunque el Gobierno británico se ha comprometido a mantener el Trident cueste lo que cueste, los diputados advierten de que el coste podría ser tan prohibitivo que la retirada del sistema nuclear de territorio escocés podría "precipitar en la práctica el desarme del RUK".

"Un posible desarme por parte del RUK sería mal recibido por los principales aliados y podría crear problemas para Escocia con otros miembros de la OTAN y de la Unión Europea, al abrirse camino como Estado independiente", aseveran los diputados.

Los escoceses votarán en un referéndum el 18 de septiembre de 2014 si quieren ser independientes del Reino Unido, entre sondeos que apuntan que solo un 30 % de la población apoya actualmente la independencia, frente a un 50 % que se opone y el resto que está indeciso.

 — EFE