25 de mayo de 2013 / 03:17 p.m.

Argentina  • Con logros políticos, económicos y sociales incuestionables, el kirchnerismo cumple una década en el gobierno desde que el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner —un desconocido político, gobernador de la provincia sureña de Santa Cruz— asumió con apenas 23 por ciento de votos la presidencia de un país en escombros por el default y el “corralito” financiero de 2001-02, que ampliaron la pobreza a 54 por ciento de la población, con 24 por ciento en el desempleo.

Kirchner, peronista, renegoció la deuda histórica con el Fondo Monetario Internacional (FMI) logrando una quita de 75 por ciento de los intereses; renovó y amplió una Corte Suprema con jueces puestos a dedo por el presidente neoliberal Carlos Menem; promovió la derogación de las leyes de amnistía a genocidas de la última dictadura militar de Rafael Videla (1976-83); y, junto a sus pares de Brasil, Bolivia y Venezuela, promovió la integración de las economías sudamericanas vía la Unasur.

En 2007, la sucesión en las urnas de Cristina Fernández de Kirchner significó la profundización de las reformas: el Congreso votó la Ley de Matrimonio Igualitario y la Asignación Universal por Hijo (subsidio a las familias de desocupados y trabajadores informales a cambio de que sus hijos vayan a la escuela), que hoy cubre 1.9 millones de familias y 3.7 millones de niños. Se nacionalizaron los fondos jubilatorios privatizados bajo la década del también peronista Menem (1990-2000), lo que permitió repletar las arcas del Estado y el pago a tres millones de nuevos jubilados; y se recuperaron empresas estatales privatizadas: 51 por ciento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF); la gestión de Aysa -la empresa de Aguas-, Aerolíneas Argentinas y el Correo Argentino.

Hoy, tras un año y medio de ganar su segunda presidencia con 54 por ciento de sufragios, unrécord histórico desde los tiempos de Juan Perón, el gobierno de Cristina K pasa por un momento complicado.

Con vistas a los comicios legislativos de octubre, los festejos de la década encuentran una sociedad polarizada y al Grupo Clarín, principal multimedio del país, devenido en el representante de una oposición política fragmentada y decadente.

Un punto de inflexión se da en 2008, con el aumento oficial del precio de las retenciones a las exportaciones de cultivos de punta como la soya y el trigo, de 35 a 44.1 por ciento que puso en pie de guerra al históricamente poderoso sector agro-ganadero. Cortes de ruta, desabasto del país por cuatro meses y la primera derrota del kirchnerismo en las legislativas de 2009, llevaron al gobierno a endurecer su política y enfrentarse al Grupo Clarín, dueño de diarios, estaciones de radio, canales de tv y servicios de cable e informática, que se plegó a las demandas del sector exportador.

El choque entre antiguos aliados culminó en la derogación del Decreto Ley de Radiodifusión de la dictadura y la sanción de la Ley de de Servicios de Comunicación Audiovisual, claramente antimonopólica; un crescendo que permite explicar la crisis actual entre la administración Kirchner y el grupo multimedio.

El Grupo Clarín cuenta además con el periodista Jorge Lanata, buen investigador e innegable showman, que se ocupa de marcar y agigantar en todos los frentes mediáticos las flaquezas de la gestión kirchnerista: el manejo político de la riqueza para conquistar voluntades y castigar a enemigos; la falta de transparencia en cuestiones sensibles a la opinión pública, como en el caso de las maletas con dinero procedente de Venezuela detectadas en el aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires, o la bolsa con dólares hallada en el baño de la ministra de Economía; la notoria distancia entre los índices de alza del costo de vida registradas a diario por las amas de casa y las consignadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC); el cuantioso enriquecimiento de personas que estuvieron al servicio de los Kirchner y que la oposición sindica como testaferros; el cepo cambiario al dólar, que perjudica mayormente a la clase media que usa esa moneda como pequeño ahorro ante una inflación que ronda 28 por ciento anual; el deplorable estado de los servicios de transporte (privados y subsidiados). Y el tema de la inseguridad que afecta a todas las clases.

CLAUDIA SELSER