10 de marzo de 2013 / 03:48 p.m.

Hay otra Caracas muy distinta a la que desfila por horas y horas ante el cadáver del mandatario muerto: aquella que no lo idolatra y por el contrario, le reclama. Tiene dinero y consume productos de lujo. Mónica, Asunción y Elizabeth pertenecen a ella. 

Caracas • Forman parte del, por lo menos, 40 por ciento de los venezolanos que no querían a Hugo Chávez, según las encuestas de este país. Nunca votaron por él. Y por eso no salieron a las calles durante horas para hacer colas interminables a fin de ver durante tres, cuatro segundos el cadáver del hombre de la llamada revolución socialista bolivariana…

Ellas viven en las zonas más lujosas de Caracas. En condominios de lujo. O en enormes casas. “Quintas”, les dicen aquí. Y vaya que son grandes mansiones, aunque no todas provienen del refinamiento: en La Lagunita, una de las áreas de gente más acaudalada, con todo y su Country Club, es posible observar caserones blancos con columnas al frente que emulan las enormes propiedades del sur de Estados Unidos del siglo antepasado, casotas de aquellas épocas donde la esclavitud de los afroamericanos era algo común. Ostentosas propiedades a la vista de todos, como las que aparecían en películas como Lo que el viento se llevó. Eso sí, con letreros muy claros, advierten: “Cerca electrificada”. Y más: “Perros guardianes”.

Perros guardianes. Sienten que tienen que cuidarse. No vaya a ser que algún ultra de la revolución bolivariana, procedente de las barriadas de los cerros que circundan Caracas, tome su motocicleta y quiera que la patria le haga justicia con pertenencias ajenas. Tienen coches caros, como es obvio en gente de Las Lomas de Chapultepec o de Jardines del Pedregal, de la ciudad de México, o de San Pedro, Nuevo León: Mercedes Benz, Land Rover, BMV. Sus hijos estudian en el extranjero ya que crecen. Por ejemplo, en Suecia y en Estados Unidos.

-¿Viven con miedo? –se les pregunta a tres amables damas que, mientras beben café en un cafetín de un centro comercial lleno de tiendas caras (donde pueden comprar carísimas ropas y joyas de marca: Bulgari, Cartier, Rolex, Mont Blanc, Vilebrequin, Ermenegildo Zegna, Dunhill, Bally, Lacoste...).

Las señoras permiten que el reportero tome asiento para indagar qué es lo que sienten quienes odian a Hugo Chávez, y cómo viven su muerte. Solo hay una condición: que mi colega fotoperiodista Héctor Téllez no las retrate de cerca. Mónica tiene dos hijos, Asunción tres y Elizabeth dos. Las tres están al final de sus años treinta y al principio de sus años cuarenta. Refinadas. Guapas. Inteligentes. No se casaron rápido, no eran las típicas niñas ricas que “nomás andan esperando que llegue el príncipe verde” (el príncipe azul, el guapote, no; el verde: el que tiene pacas que dólares): primero estudiaron y eso las enorgullece. Las dos últimas estudiaron Comunicaciones, la primera Química. No son nada pesadas. Viven su acomodada clase social con comodidad, sin la menor insolencia. Mónica responde primero:

-¿Miedo? ¡Claro que vivimos con miedo! Hay mucha violencia. Tienes a tus hijos y a tu esposo martirizados: que te llamen al celular, que dónde están. Hay mucha violencia. Lo que Chávez trajo es un desprecio a la vida y una impunidad absoluta. Nosotros podemos tener los coches blindados, pero curiosamente los que más sufren esto y los que mueren son los de las barriadas.

Pero, detengámonos: antes de eso, volvamos al principio, al comienzo de la charla, realizada justo cuando volvíamos de visitar las casas de las zonas pudientes. Una de ellas, de las damas, muy pícara, con sus ojos claros chispeantes, se le adelantaba al reportero con una buena dosis de sarcasmo:

-¿Quieres saber si murió Hugo Chávez? ¡Síiii!… -sonreía triunfante, y sus amigas carcajeaban sin empacho. Una de ellas se contagió y secundó:

-Yo no estoy de luto, ¿eh?...

La tercera, lapidaria, no se quedó atrás en el duelo de las tres irónicas damas:

-Lamento mucho que se haya muerto… sin pagar en vida todo el daño que hizo.¡Zaz! Silencio de las tres mientras alguien se regodea con las frases y las anota en una libretita reporteril. Luego la misma señora, con toda la calma del mundo, se estira en su silla, se acomoda su abundante cabellera castaña, inhala y exhala y explica con mirada diáfana, directa y cómoda en su papel de abeja reina que sus amigas no interpelan:

-Hizo mucho daño al país. Separó a la población como nunca. Antes no había odio de clases (“o ustedes no se percataban”, piensa el reportero). No había ese odio que hay hoy entre las clases sociales. ¡Es inmensa! En todos los países hay diferencias de clases sociales, en Estados Unidos, en España, en Francia, y nadie genera ese odio que él engendró aquí. Creo que Chávez pudo haber hecho el bien a este país que estaba cansado de tanta corrupción, y por eso votó por él, pero en vez de eso hizo el mal: este gobierno es tres veces más corrupto. Si yo pregono el socialismo como Chávez, ¿por qué robo? El caballero tiene cuentas con dos mil millones de dólares. Con tanto dinero del petróleo y no resolvió de fondo un solo problema del país.

Otra de ellas, regresa a lo que les parece fundamental a todos los de su clase:-En lo social, que es lo más importante, el odio provocó que cada quien pertenezca a sectores irreconciliables.

¿Y el futuro? La tercera responde con una mueca de burla:

-Este hombre (Nicolás Maduro, el sucesor) va a tratar de calzar unos zapatos… que no va a poder calzar. Chávez sí tenía carisma, pero este, no lo puede igualar. Viene de la misma matriz, pero no tiene su estatura. Viene un periodo muy-muy negro. No va a poder levantar lo que Chávez hizo mal, como los programas sociales que acabaron con los emprendedores y provocan que nadie trabaje porque están contentos con los regalos…

-Vienen temores terribles… -sintetiza la primera mujer.

Las mujeres de Capriles -de Henrique Capriles Radonski, el guapo líder opositor con aspecto de chico rico, que será el candidato de la derecha en los comicios presidenciales-, se despiden. Amables. No hay asomo de furia en sus miradas. Sólo reiteran que tienen una convicción y un terror: Chávez le hizo muy mal a su país y si ganan los chavistas sin ser Chávez, querrán ser más radicales, y a Venezuela le irá peor…

No, estas damas no derraman una sola lágrima por Chávez. Y mucho menos, por su sucesor…

PABLO BECERRA- ACOSTA M. /ENVIADO