7 de abril de 2013 / 04:29 p.m.

Beirut • La clase política libanesa volvióa hablar hoy con una sola voz al escoger por consenso al independiente Tamam Salam como primer ministro, pese a la fragmentación del país por la crisis siria, que lo mantiene al borde del precipicio.

Salam, diputado por Beirut y procedente de una familia política tradicional sunita, obtuvo el apoyo de 124 de los 128 diputados tras dos días de consultas del presidente del Líbano, Michel Suleiman, con los grupos parlamentarios. El nuevo jefe del Gobierno reemplaza al millonario Nayib Mikati, que dimitió el pasado 22 de marzo como consecuencia de las desavenencias entre los miembros de su gabinete.

Según el acuerdo de Taif, que en 1989 puso fin a la guerra civil, el presidente debe convocar a consultas a los diputados para que elijan a un sunita como primer ministro, merced al sistema confesional de reparto de poder, que reserva la Presidencia a los cristianos, la jefatura de Gobierno a los sunitas y la del Parlamento a los chiitas.

En su primera declaración como primer ministro, Salam afirmó que pretende la formación de un Gobierno de "interés nacional", en el difícil contexto que atraviesa el Líbano, y deseó que el consenso sobre su nombramiento fortalezca la democracia.

El nuevo primer ministro contó con el voto favorable del bloque prooccidental de las Fuerzas del 14 de Marzo, dirigido por el sunita Saad Hariri (cercano a Salam), pero también del bloque prosirio del 8 de Marzo, encabezado por el movimiento chiita Hizbulá.

Para Salam, el respaldo casi unánime a su persona indica que los libaneses "quieren volver a confiar en las instituciones y que se garantice la seguridad y la estabilidad". Por ello, se comprometió a "tratar de sacar al país de las divisiones políticas que repercutieron en su seguridad y alejarlo de los peligros de la situación trágica a su alrededor", en alusión al conflicto en la vecina Siria.

La guerra en Siria ha profundizado aún más la división entre los libaneses partidarios y detractores de régimen de Damasco, lo que se ha visto agravado por la llegada masiva de refugiados de ese país (más de 400 mil, según la ONU, y un millón, de acuerdo a las autoridades locales).

"Soy consciente de la fase delicada que atraviesa el Líbano y espero que la atmósfera positiva que prevaleció durante las consultas continúe durante las discusiones para formar un nuevo Gobierno", agregó.

Entre los desafíos más perentorios que afrontará Salam están la formación de su gabinete, algo que en otras ocasiones se ha demorado durante meses, y la aprobación de una ley electoral para los comicios parlamentarios del próximo junio, lo que hasta el momento no han conseguido acordar los bloques políticos.

El primer ministro aseguró que no se ha comprometido con ningún partido sobre las carteras ministeriales. El mantenimiento de la seguridad será otro de los retos al que deberá hacer frente, tras el aumento de la tensión entre facciones rivales, especialmente en la ciudad septentrional de Trípoli, y las altas tasas de criminalidad.

El analista Hyam Mallat, profesor de Derecho en la Universidad San José, declaró que la designación de Salam como primer ministro "podrá contribuir al restablecimiento de la seguridad, tras concitar la unanimidad entre los libaneses para elegirlo". De igual forma, resaltó que su procedencia de una tradicional familia política conocida por su moderación "permitirá tranquilizar a todo el mundo".

Nacido el 13 de mayo de 1945 en Beirut, es hijo del ex primer ministro Saeb Salam (1905-2000), quien entre 1952 y 1973 encabezó el el Gobierno en cuatro ocasiones y que marcó la historia política del país con su fórmula de "Ni vencedores ni vencidos", vigente hasta ahora.

 EFE