EFE
6 de septiembre de 2013 / 01:02 a.m.

Santiago • Los estudiantes chilenos protagonizaron hoy una marcha que acabó con incidentes para exigir una profunda reforma del actual sistema educativo, así como acabar con otros legados de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Convocada por las principales agrupaciones de estudiantes universitarios y secundarios y por el Colegio de Profesores, esta jornada de protesta se enmarca en el 40 aniversario, el próximo miércoles, del golpe de Estado contra Salvador Allende.

La manifestación comenzó en la céntrica Plaza Italia, donde los participantes en la marcha avanzaron de manera muy disgregada por la Alameda, la principal avenida de la capital, cruzaron por una calle del centro y concluyeron en las cercanías de la Estación Mapocho, donde, como es ya habitual, se registraron disturbios.

 

También se celebraron marchas en otras ciudades del país, como Valparaíso y Concepción. La protesta se produce a menos de una semana de la conmemoración de los 40 años del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 que derrocó al presidente socialista Salvador Allende, y que dio inicio a la dictadura de Pinochet, que culminó en 1990.

Carteles con leyendas como "a 40 años del golpe, el golpe lo damos nosotros" o "fin a la educación del tirano", se observaron a lo largo de la marcha, que reunió según la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) a 80 mil personas, mientras que la Policía cifró la movilización en 50 mil manifestantes.

 

Antes de que acabara la marcha, hubo enfrentamientos entre manifestantes y agentes de las fuerzas especiales de la policía, que lanzaron chorros de agua y gas lacrimógeno para controlar los disturbios, que interrumpieron un acto con el que concluía la marcha.

 

Un centenar de encapuchados lanzaron piedras y palos a los agentes policiales, en tanto encendieron barricadas y realizaron destrozos en el mobiliario público. Los incidentes dejaron 214 detenidos y 34 uniformados lesionados, según el informe de la Policía.

Desde 2011 los estudiantes chilenos iniciaron sus demandas con protestas en las calles por educación gratuita y de calidad, algunas de ellas que superaban las cien mil personas, siendo las más masivas en 20 años desde que la democracia retornó a Chile en 1990. Además de las marchas, los estudiantes han ocupado ilegalmente colegios y han sido apoyados por sindicatos de profesores y trabajadores.

 

Los estudiantes exigen un cambio radical del actual sistema educativo heredado de la dictadura de Pinochet, uno de los más segregados del mundo, por otro que asegure la gratuidad y la calidad tanto en colegios como universidades.

 

"Hace 40 años nuestra educación se convirtió en mercancía. Y hasta hoy lo sigue siendo", dijo a los periodistas el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), Andrés Fielbaum.

Fue el régimen militar el que en 1981 abrió la educación al sector privado, al tiempo que redujo las aportaciones del Estado a la enseñanza pública y transfirió su gestión desde el ministerio a los municipios, cuestionados por cómo usan los recursos que reciben.

En estos tres años de protestas, el Gobierno de Sebastián Piñera ha aumentado las becas y ha reducido el costo de los créditos que los estudiantes suscriben para poder pagar sus estudios, pero no se ha planteado una reforma integral como estos exigen.

"Yo pago 300 dólares mensuales y como estoy dentro del sistema de los créditos universitarios, aparte de eso tengo que pagar intereses", explicó hoy a Efe Carolina Araya, que estudia Periodismo en una universidad privada. "Voy a terminar pagando a 20 años el resto de mi carrera. Es una deuda que nos esclaviza", denunció.

En el sistema actual, la matrícula pública a nivel escolar alcanza sólo el 40%, mientras que el resto asiste a colegios privados y a centros educativos que reciben subvención del Estado, pero en que los padres también tienen que pagar.

A nivel universitario, no existe la posibilidad de estudiar sin pagar, y quienes acceden a la educación superior deben abonar créditos que están obligados a cancelar cuando terminan sus estudios.

"En el caso de la educación, se aprecia otro legado de la dictadura que queremos acabar y que justamente es el presente que están viviendo miles de chilenos, que fue por la imposición de un modelo económico, político y social", dijo Diego Vela, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC).

"Observamos un individualismo que existe en la educación, en la segregación que se ha generado, en el exceso de negociado que existe en ella y justamente está ligado a los cambios que queremos lograr", agregó Vela.

Antes de la marcha, los estudiantes presentaron un documento de once páginas en el que recopilaron todas sus demandas en las que, además de una educación gratuita y de calidad, incluyeron otras como la desmunicipalización de la educación escolar, la nacionalización del cobre, entre otros. "No es un recetario final, es una invitación a debatir la educación que queremos", indicó el documento.

Aunque están lejos de lograr su objetivo principal, los estudiantes han conseguido lo que no se hizo durante tres décadas: poner en cuestión el sistema educativo y concitar el apoyo de alrededor del 85 % de los ciudadanos, que, según las encuestas, respalda sus demandas.

"Estamos dando a conocer a la opinión pública una plataforma común de todos los actores, de los universitarios, secundarios, profesores y padres, y todos estamos concordando en un mismo planteamiento", dijo a Efe el presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo.

Según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), la educación (44 %) figura como el tercer problema al que el Gobierno debería dedicar mayor esfuerzo, solo superado por la delincuencia (47 %) y la salud (47 %).

Además, solo un 14 % cree que el Ejecutivo lo ha hecho bien en educación, aunque esta mala evaluación es constante desde que en 2011 estalló el movimiento estudiantil y ha afectado también a los cuatro ministros que han pasado por esa cartera. Las propuestas sobre educación han ocupado también un papel relevante en la precampaña de las elecciones presidenciales de noviembre.

Michelle Bachelet, favorita en los sondeos, ha prometido gratuidad en la enseñanza superior en un plazo de seis años, pero muchos desconfían de ella porque durante su mandato (2006-2010) no impulsó cambios cuando en 2006 los estudiantes secundarios alertaron de su descontento durante la llamada "revolución pingüina".

Ahora, la crítica social va más allá y se extiende también al resto del armazón económico de Pinochet, que incluye el sistema privado de pensiones y el predominio de las empresas en el área de salud.

Por ello, la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), que agrupa a los universitarios, presentó ayer un programa de once propuestas que incluye la renacionalización del cobre -principal riqueza del país- y una profunda reforma tributaria.

"Estamos protestando porque tenemos la herencia del sistema neoliberal, con pensiones bajas, un sistema educativo y de salud privado que se come al sistema público y salarios muy bajos", señaló hoy a Efe Javier Sandoval, estudiante de secundaria de 18 años, casi al término de la marcha.

Poco después, como suele ocurrir en estas manifestaciones, algunos jóvenes comenzaron a causar desórdenes, destruyeron señales, quemaron paraderos de autobús, instalaron barricadas e incluso un grupo atacó con piedras la sede central del Servicio Electoral. Al menos cinco carabineros y dos asistentes resultaron lesionados y varias personas fueron detenidas, aunque Carabineros no disponía aún de una cifra oficial.