16 de enero de 2013 / 03:24 p.m.

Pekín • Máscaras de hospital, antigás y hasta versiones de lujosas marcas. La población de Pekín se pertrecha como puede contra la nube de contaminación que cubre la ciudad desde el fin de semana.

La densa polución ha vaciado prácticamente el almacén de estos productos en Taobao Mall, uno de los líderes comerciales por internet del gigante asiático, después de que las ventas de mascarillas se disparara 130 por ciento solo en la capital, donde en dos días hubo 500 mil pedidos, según el portal de noticias Sina.

Ante la falta de stock, la dependienta de una tienda cercana a una céntrica parada del metro de la capital china no tiene más remedio que ofrecer a un cliente una mascarilla de “usar y tirar”.

“"Es mejor eso que nada"”, le sugiere, y el cliente acepta, narraba ayer el diario Beijing News, que acompaña la noticia con varios retratos de ciudadanos con distintos modelos: de dibujos animados, decorados con llamativos conejos o en sobrio negro.

Es el tono de humor de la población china ante el sombrío panorama de la urbe estos días, sacudida por la peor nube de contaminación de toda su historia, con consecuencias aún desconocidas para la salud.

Aunque las autoridades han tomado algunas medidas para limitar las emisiones de óxido de nitrógeno, como cerrar fábricas e intensificar la supervisión de la circulación de los vehículos, éstas no son suficientes a ojos de la ciudadanía.

En las inmediaciones del hospital de Chaoyang, en el corazón de Pekín, la escena es muy gráfica. Decenas de personas entran y salen del centro cubiertos por máscaras, muchas de ellas las clásicas utilizadas por los médicos en el quirófano, mientras otros marcan tendencia con fundas de prestigio marca Chanel.

A salir del edificio y sin querer dar su nombre, un ciudadano con mascarilla quirúrgica asegura que “"no confía en las estadísticas gubernamentales sobre la medición de contaminación"”. Es el sentir general de la población de Pekín en estos días, reflejado en las redes sociales y las calles.

Cubierta por una mascarilla azul de enfermera, otra transeúnte comenta que, aunque no le gusta “"tener la cara tapada"”, lo hace porque lleva “"unos días tosiendo sin parar debido a la mala condición del aire, así que la llevaré hasta que mejore el tiempo"”.

“"Estos días la gente discute este tema con frecuencia y menciona que los tóxicos se pueden quedar en el pulmón, a lo que tengo mucho miedo"”, añade.

No es la primera vez que la población china vive un momento de pánico semejante por su salud.

Así lo recuerda el controvertido artista Ai Weiwei, quien a modo de protesta ha colgado en su cuenta de Twitter un impactante primer plano con la cara cubierta por una máscara antigás.

“"Cuando el SARS (síndrome respiratorio agudo severo) irrumpió en 2002, la población entró en pánico. Nada ha cambiado desde entonces. Llevamos décadas sacrificando nuestro medio ambiente para alcanzar un desarrollo rápido"”, fustigó.

Mientras se espera que un frente frío disipe los niveles de toxicidad del aire a partir de hoy, la población china continúa sacando su amplio arsenal de recursos. Como por ejemplo las mascarillas N95, destinadas a la lucha contra el SARS. No obstante, los expertos recomiendan a la población que se incline por modelos estándar y eviten máscaras profesionales como la N95, que requieren formación y pueden dificultar más la respiración.

PALOMA ALMOGUERA-EFE