29 de abril de 2013 / 01:26 p.m.

Mañana, a 11 mil 500 kilómetros de donde nació hace casi 42 años, Máxima Zorreguieta Cerruti, el miembro más popular de la monarquía holandesa, se convertirá en reina consorte de Holanda y los Países Bajos. Esta argentina de origen plebeyo será la segunda latinoamericana en ocupar un trono europeo, tras la cubana María Teresa Mestre, quien en octubre de 2000 se convirtió en esposa del Gran Duque de Luxemburgo.

Las revistas del corazón se ocuparán de todos los detalles de la ceremonia planificada con austeridad, precedida por la abdicación al trono de la reina Beatriz en favor de su primogénito Guillermo-Alejandro, y no dejarán de consignar que los padres de la flamante reina brillan por su ausencia en la iglesia de Nieuwe Kerk, la misma donde hace poco más de diez años Máxima, vestida de novia, se metió a todo mundo en el bolsillo secando una a una sus lágrimas mientras apretaba con ternura los dedos de su príncipe naranja.

Si no fuera por la participación de su padre, Jorge Horacio Zorreguieta como secretario de Agricultura de la última dictadura militar argentina —con causas pendientes en los tribunales por la desaparición de dos personas que trabajaban en su área—, lo que fue recusado por el Parlamento holandés, todo en ella sería perfecto. Si bien la reina Beatriz investigó el pasado y presente de la plebeya argentina que había robado el corazón del príncipe Guillermo-Alejandro en una fiesta privada en Andalucía, la aceptó sin el menor reparo: Máxima podría continuar una tradición que se extiende desde finales del siglo XIX en la monarquía holandesa: la de las mujeres fuertes.

Lejos de ser la joven aristócrata moderna, la jinete intrépida y aventurera o la economista brillante de la versión oficial de la corona, la verdadera Máxima, la que aparece en la biografía no autorizada Máxima, una historia real —de los periodistas argentinos Gonzalo Guerrero y Soledad Ferrari (Sudamericana, 2009)— es una mujer ambiciosa y malhablada que tuvo que trabajar para pagar sus estudios universitarios, que no fue una alumna brillante pero supo aprovechar las relaciones cultivadas en la preparatoria más exclusiva de Argentina, allí donde las familias aristocráticas anotan a sus hijas porque egresan con una buena educación, un título internacional de bachiller, un inglés exacto y una red exclusiva de pertenencia.

Elegante pese a su lucha constante contra el sobrepeso y dueña de una simpatía arrolladora, Máxima se convirtió en una verdadera holandesa, moldeada por los mejores profesores del reino.

Desde un primer momento su espontaneidad y su estilo, a la vez formal pero casual, lograron conquistar el corazón de millones de holandeses y contribuyeron incluso a relanzar la imagen de la monarquía mejor paga de Europa, algo deslucida a través de los años.

Tiene miles de fans, al punto que la prensa europea llegó a hablar de “maximanía”. No la quieren solo por ser la esposa del futuro rey. Ni quizá tampoco por su participación activa como economista a través de cargos y compromisos internacionales: fue miembro de la Comisión para la Participación de las Minorías Étnicas de la Mujer (2003-2005); se desempeñó como miembro del Grupo Asesor de la ONU en el Año Internacional del Microcrédito (2005) y laboró en el Grupo de Asesores de las Naciones Unidas sobre Sectores Financieros Inclusivos (2006-2009). Los holandeses quieren a Máxima por las mismas razones por las que los ingleses querían a Lady Di: su proximidad con las personas de a pie.

""Resulta admirable que ella pueda hablar con la gente de la calle así como con personalidades, sin ningún problema"" —afirmó al diario argentino La Nación, Aart Heering, corresponsal del diario holandés Algemeen Dagblad. ""Conmueve que un día ella pase revista a las tropas con todo el protocolo y al siguiente se dedique a sacarle piojos de las cabezas a los compañeritos de sus tres hijas, Amalia, Alexia y Ariane, con toda la naturalidad de una madraza"".

Según dicen extraoficialmente las amigas, es verdadera la felicidad que muestran las fotos. Pese a que la sucesión al trono le correspondería a su primogénita Amalia, analistas holandeses especulan con que gracias a su popularidad, Máxima podría llegar a ser reina de Holanda. A 11 años de su salida del mundo plebeyo, los expertos en realezas europeas no dudan que su carisma despertó a la monarquía holandesa de un prolongado letargo.

— LA ALDEA POR CLAUDIA SELSER