14 de marzo de 2013 / 12:42 p.m.

Buenos Aires • El enviado especial de un medio de Argentina en el Vaticano asegura que una paloma se posó tres veces sobre la chimenea de la Capilla Sixtina poco antes de que se viera el humo blanco y que eso, algo nunca visto en la historia pontificia, fue una clara bendición del Espíritu Santo.

A media cuadra de la pantalla del televisor donde se escucha la voz del reportero, el dueño de la heladería Francesco se jacta de llevar el mismo nombre del flamante papa: “"Tenemos a Messi, a Máxima, que va a ser reina de Holanda, y ahora al Papa… ¡Y después dicen que nosotros no somos Primer Mundo!"”.

En poco más de una hora, en las calles de la capital argentina se comentaba a pleno la noticia realmente inesperada: Jorge Mario Bergoglio, de 78 años, cardenal primado de Argentina y ex arzobispo de la capital ¡convertido en Papa! Orgullo, sonrisas y hasta lágrimas…

En el taxi, el chofer comenta que acaba de pasar por avenida Alvear, en el aristocrático barrio de La Recoleta, y que decenas de turistas se tomaban fotos en la puerta de la Nunciatura Apostólica.

Desde el primer momento, las redes sociales alternaron bromas y festejos. Y muchos chistes sobre el ego vernáculo que en cualquier momento hace estallar los botones de las chaquetas.

“"¿Cómo rezan los argentinos? Dicen: ‘Cheee Dios, ¿te puedo ashudar en algo?’.

“"Los argentinos sonreímos cuando truena porque estamos convencidos de que Dios nos está tomando una foto"”. O como escribió el humorista Nik, estrella del periódico conservador La Nación: “Maradona, Messi, Bergoglio... ¿Vieron que Dios era argentino?"”.

Para colmo, el papa argentino, número 266 de la Iglesia católica, ostenta características inéditas: es el primer pontífice no europeo en 1270 años, el primer latinoamericano y el primer jesuita.

Lo cierto es que, desde hace años, Bergoglio aseguraba off de record su certeza de que alcanzaría el trono papal.

Nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, en un hogar de clase media, hijo de padres italianos —él, empleado ferroviario; ella, ama de casa—, creció junto a cuatro hermanos, hizo la preparatoria en un colegio industrial y en 1957, con 21 años ingresó como novicio a la Compañía de Jesús, en el populoso barrio capitalino de Villa Devoto.

Ex basquetbolista, ex bailarín aficionado de tango y fanático del club de futbol San Lorenzo —fundado por el cura Lorenzo Massa en 1908 y que lleva los colores azul y rojo por el manto azulgrana de la Virgen—, Bergoglio fue ordenado sacerdote poco antes de cumplir los 33 años, iniciando así una larga carrera que lo llevó a ocupar el cargo máximo de “"provincial"” jesuita, desde 1973 a 1979, en tiempos en que la dictadura militar asoló Argentina.

Tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires en febrero de 1998 y al cabo de tres años fue ungido cardenal por el papa Juan Pablo II convirtiéndose en el primado de Argentina, el superior jerárquico de la Iglesia católica del país.

En las redes sociales no faltaron ayer los comentarios sobre su actuación en los años de plomo.

Circuló en internet una foto donde el cardenal daba la comunión al comandante general Jorge Rafael Videla, máximo jefe de la Junta Militar argentina, y viejos artículos periodísticos que mostraban que, gracias a los oficios de Bergoglio, el ex almirante Emilio Massera, autoridad máxima de la Armada durante la dictadura, recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de El Salvador, en Buenos Aires.

“"Bergoglio sigue siendo investigado por la participación de la Iglesia en delitos de lesa humanidad. Ni olvido, ni perdón"”, publicó una de las cuentas de la agrupación de hijos de desaparecidos durante la última dictadura militar (H.I.J.O.S.).

Se recordó también que en el libro El silencio, el periodista Horacio Verbitsky afirmó que Bergoglio le quitó protección a varios sacerdotes y catequistas jesuitas que trabajaban en los barrios pobres de Buenos Aires y permitió que fueran secuestrados por la Junta Militar.

Una acusación a la que el mismo cardenal respondió a través de otro libro, El jesuita, de los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, negando las denuncias de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, que lo involucraban en su secuestro de cinco meses en campos clandestinos de detención, junto a cuatro catequistas y dos de sus esposos que nunca aparecieron.

La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, felicitó ayer mismo a Francisco y le deseó una “fructífera tarea pastoral”: “En mi nombre, en el del gobierno argentino y en representación del pueblo de nuestro país, quiero saludarle y expresarle mis felicitaciones”.

Un buen gesto que no logró hacer olvidar el enfrentamiento que ambos tuvieron en julio de 2010 previo a la sanción de la Ley de Matrimonio entre personas del mismo Sexo.

En una carta a las monjas carmelitas de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio dijo que en el proyecto estaba “"la envidia del Demonio que pretende destruir la imagen de Dios"”.

La presidenta respondió con pocas palabras. Dijo que la postura de la Iglesia era “"propia de tiempos medievales y de la Inquisición"”.

CLAUDIA SELSER