Alejandro Domínguez 
16 de agosto de 2013 / 10:14 p.m.

 

Ciudad de México • Hace tres días que Angélica de Rosas no sale de su casa. Está encerrada con sus hijos en las afueras de El Cairo. Teme por ellos. Afuera se están matando. El país está en estado de emergencia.

De Rosas es una mexicana casada con un egipcio que tiene una agencia de viajes en El Cairo. Él, Hussein, es el único que sale de la casa por asuntos laborales o para lo que necesiten Angélica y sus hijos de 5 años y un bebé de meses.

El miércoles el Ejército egipcio impuso un toque de queda. Todos los días de las 7 de la noche hasta las 6 de la mañana nadie puede estar en la calle. Esto después de que la policía irrumpió en el campamento de los Hermanos Musulmanes -quienes apoyan al depuesto presidente Mohamed Mursi- situación que despertó su enojo y desató jornadas de extrema violencia en algunas zonas de la capital egipcia.

Este viernes los Hermanos Musulmanes y la policía se enfrentaron de nuevo. La violencia no para, sólo crece. Los enfrentamientos han dejado casi 700 muertos.

A dos días de que aumentara la violencia en Egipto, desde su casa -a 20 kilómetros de donde están ocurriendo los enfrentamientos- Angélica está convencida que ella y su familia deben permanecer alejados “por seguridad para los niños”, como lo está haciendo “la mayor parte de la gente” y “salir lo mínimo, sólo por necesidad o trabajo y regresar temprano”.

Algunos conocidos que viven cerca de los enfrentamientos le cuentan que “la están pasando mal, porque hay gente con armas, gente violenta, por lo que la policía recomienda que se mantengan en casa, que no salgan e informan que ellos se harán cargo”.

Si Angélica y su familia necesitan comida o algo de la calle es su esposo Hussein el que va por las cosas, pero lo tiene que hacer temprano, porque aunque “los supermercados siguen trabajando, tienen horarios recortados hasta las 4 o 5 de la tarde”, cuenta por teléfono la mexicana.

La primera noche de emergencia el marido de Angélica no llegó a dormir a casa. El toque de queda lo agarró en la calle. Había ido a recoger al aeropuerto a un grupo de turistas, pero como ya eran más de las 7 de la noche, tuvieron que dormir en un hotel. Con el toque de queda sus vidas han cambiado. Estar en la calle por la noche es arriesgarse a que la policía los arreste sin orden de aprehensión de por medio.

Como esposa del dueño de una agencia de viajes, Angélica de Rosas cuenta que la gente que estaba por ir a Egipto ha cancelado sus viajes y los que ya están ahí no pueden salir de sus hoteles.

“La gente que va llegando solamente llega a su hotel y las agencias tenemos la instrucción de estar pendientes de nuestros clientes y a ellos no se les permite la salida, han tenido que permanecer en hoteles”.

El día que comenzó el toque de queda “la gente tuvo que quedarse sin hacer visitas turísticas que tenían planeadas por carretera” y han tenido que “salir por avión”.Centros turísticos, museos y lugares para visitar han sido cerrados.

A pesar de que Egipto ha vivido dos años turbulentos desde el golpe de estado que logró la salida de Hosni Mubarak, antes de estos enfrentamientos que llaman la segunda revolución, la vida de Angélica y su familia transcurría de manera normal.

“Hacíamos nuestras actividades cotidianas, como salir a comer en familia. Mi hijo de 5 años tenía clases de natación y taekwondo, lo llevaba al club al que habitualmente vamos”.Como apenas había pasado una semana después del Ramadán -mes de ayuno, de tradición musulmana en el que los hábitos cambian- aunque sus horarios eran distintos, podían salir libremente a la calle.

“Estábamos en casa, por vacaciones de los niños. Como era el mes de Ramadán -que se festeja en familia- los horarios cambian, porque hay ayuno hasta las 7 de la tarde, a esa hora salíamos a comer y después llevaba a mi hijo a sus clases. A las 12 de la noche regresábamos a casa”.

Angélica espera que la situación en Egipto se resuelva para que a mediados de septiembre -cuando los niños deben volver a clases- su vida regrese a la normalidad: acompañe a su hijo al autobús escolar que lo recoge en las mañanas, esperar a que regrese a casa entre las 3:30 y 4 de la tarde, comer y disfrutar la tarde en familia, llevar a sus hijos al club y volver en la noche para acostarlos.