NOTIMEX
21 de febrero de 2016 / 07:22 p.m.

Miami.- Benny Ibarra es el único acróbata mexicano que trabaja en el famoso circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey, en el que día a día expone la vida en las alturas en el “Péndulo de acero”, uno de los actos extremos del espectáculo.

Originario de Tláhuac, en el sur de la Ciudad de México, Ibarra pertenece a la cuarta generación de una familia dedicada al circo. Antes estuvieron inmersos en el mundo circense su bisabuelo, su abuelo y su padre, actualmente activo en Las Vegas, Nevada.

Ibarra, de 31 años, reveló que el que comenzó todo fue su tatarabuelo, un italiano y gimnasta olímpico, quien para ganarse la vida tuvo que empezar a trabajar en un circo como acróbata.

Pero fue su padre quien con el paso de los años comenzó a hacer el acto “El Péndulo de Acero”, que hoy es una de las principales atracciones de este circo que año con año recorre todo el mundo.

“Mi papá lo hacía menos atrevido, mientras que yo lo llevo a un límite extremo, y mientras que regularmente se practica con varias personas, yo lo hago solo”, dijo Ibarra a Notimex vía telefónica desde Atlanta, Georgia, donde se presenta el circo esta semana.

“El Péndulo de Acero” consiste en una gigantesca estructura de metal en forma de rueda que cuelga a más de 10 metros de altura, en la que Ibarra da pasos mortales por dentro y fuera de la misma.

Ibarra reconoce que arriesga la vida en este espectáculo y de hecho se ha dado golpes de consideración en la cabeza.

El mexicano indicó que aunque sí llega sentir miedo, lo controla, y la adrenalina es tan fuerte y el aplauso de la gente tan reconfortante, que vale la pena hacerlo.

Es un acto que practica desde hace 17 años y que requiere de sangre fría, porque tiene menos de un segundo para decidir lo que tiene que hacer en cada momento.

Cuando no está actuando, Ibarra aprovecha para visitar a su familia, compuesta por su esposa y tres hijos, quienes viven en la capital mexicana, mientras que él pasa gran parte del tiempo de gira con el circo.

Sus dos hermanos, Brandon -el más joven- desarrolla el mismo acto en la India, mientras que Zuleika se encuentra en Japón trabajando también como acróbata.

Benny, quien además habla inglés, chino, ruso, un poco de japonés y árabe, terminó la carrera de veterinaria vía online en el Tecnológico de Monterrey, por lo que cuando es necesario apoya al circo con el cuidado de los animales.

Ibarry comparte ese trabajo ocasionalmente con un chileno llamado Taba Maluenda, quien es domador de tigres y que tiene a su cuidado la mayoría de los animales del circo.

Ibarra y Maluenda son los únicos dos latinoamericanos en la actual compañía del Ringling y comparten los actos más arriesgados, pues el sudamericano se encierra en una jaula con 17 y hasta 18 tigres a los que, a diferencia de otros circos, no se les lima o se les quita los colmillos ni las garras.

Maluenda pertenece a la sexta generación de una familia circense, en la que su padre era conocido como “El Capitán Maluenda”, gran domador de tigres.

La vida del chileno cambió cuando estando en un circo como acróbata en Lima, Perú, fue visto por el mexicano Juventino Fuentes Gasca, quien manejaba entonces el Circo Gigante Modelo y se presentaba como el Tarzán.

Maluenda se dedicó a domar tigres con Fuentes Gasca y más adelante viajó a Orlando, Florida, a probar suerte. Ahí es donde conoce al dueño del Ringlin, quien ya había escuchado de él y conocía de su fama como domador, por lo que lo contrata en 2005.

“Fui el primer latino en la historia del Ringlin para cuidar a sus animales y acabo de renovar contrato por cinco años más”, declaró Maluenda a Notimex.

El abuelo de Maluenda murió en un hospital debido a complicaciones, tras ser herido por ataques de tigres, por lo que el domador dice que siempre se encomienda a Dios antes de su acto.

“He sufrido varios ataques de tigres y mordidas de chimpancé, pero esta es nuestra profesión, es como la de un chofer de Fórmula Uno, que cuando llega a fallar son gajes del oficio”, concluyó.