MELISA GARZA FUENTES
24 de diciembre de 2015 / 07:29 a.m.

Monterrey.- Cumplió su sueño como boxeador, también lo hizo como maratonista y decenas de medallas lo comprueban; sin embargo no todos sabían que además del deporte, Don Andrés tenía otro sueño por cumplir “hacer reír a la gente”, y lo logró en la televisión.

Tras el fallecimiento del querido animador, su hija, Laura Quesada, recuerda cada una de las aventuras que su padre le contaba con una sonrisa en el rostro, satisfecho por lo que causaba en la gente.

“Siempre le gustó la televisión, bromear, siempre bien tierno, alegre […] Él lo deseaba (entrar a la televisión) como que ya tenía ese sueño y realizarlo, y se le concedió”.

EL INICIO

Don Andrés se desempeñaba como comerciante, él vendía las manualidades que su esposa, Doña Hortensia, realiza y se iba al parque Roma a ofrecerlos.

Pero además de ir al parque, Don Andrés asistía muy a menudo a ‘la cafetería’ del programa Acábatelo como ‘comensal’, y su peculiar carisma le abrió una oportunidad en el programa, la cual en ningún momento dudó en aceptar, pues significaba poder hacer aquello que amaba: divertir al público.

“Estuvo ahí como Cantinflas, se consiguió su sombrerito y mi mamá le cosió parches en el pantalón, se pintaba los bigotitos y le gustaba saltar como el personaje”, cuenta su hija.

Pero luego llegó ‘Martha la Coneja’, personaje que lo volvería aún más reconocido por el público regio, aunque no todo era color de rosa.

“Sabemos y estábamos conscientes de todo, a él le decíamos ‘Papi sí hay gente que lo quiere mucho, pero también hay gente que le tiene envidia’, esos son los que dicen ‘pobre señor, como lo explotan’, y luego también él se tiraba al suelo y yo le decía ‘Papi no lo haga muy fuerte’ y él solo me decía ‘puro coto… puro cotorreo’”, recuerda.

Era así como todos los días Don Andrés se divertía en su nuevo trabajo y emocionado le platicaba a sus hijos cada una de sus aventuras.

EL ÚLTIMO DÍA EN ACÁBATELO

Hace algún tiempo Don Andrés padeció de un problema de huesos, pero con constancia pudo salir adelante, pero a sus casi 80 años fue diagnosticado con cáncer de colon, lo que hizo que su salud se deteriorara poco a poco.

Sin embargo, nada de esto fue impedimento para él, pues llevaba la música por las venas y no dejó de bailar y reír en ningún momento e inclusive, el último día que asistió al programa, a principios de noviembre, lo hizo con un andador que lo ayudaba a sostenerse; nadie lo obligó, él deseaba ir.

“El agarró su andador y me dijo ‘quiero ir al canal’, le pregunté que cómo se sentía y me dijo que bien, así que despacito yo lo iba escoltando por si no se me fuera a caer o algo”, cuenta Laura.

A pesar de que en ese entonces Don Andrés ya no salía a cuadro, él aprovechaba cada instante para mover su cuerpo y disfrutar del ambiente que se vivía en el programa, además de aprovechar su ida para regalar sus características paletas de cajeta al elenco y los productores del programa.

‘A mi papá le dicen el León… porque siempre luce las mismas garras’

Laura Quesada recuerda los numerosos instantes que vivía frente a la televisión o dentro del canal viendo a su papá divertir al público, e inclusive recuerda uno de sus chistes favoritos:

“Meses atrás, que le decían ‘chiste, chiste’, la última vez fue y repitió uno que decía: ‘‘A mi papá le dicen el León’ y Mario le preguntaba, ‘por qué?’ y él respondía ‘porque siempre luce las mismas garras’”, recuerda entre risas.

Por otra parte, Laura ha agradecido el respeto y el apoyo que Acábatelo y el público le dio a su papá durante los ocho años que estuvo asistiendo.

“Para mí mi papá fue un gran papá y una gran persona, con un corazón muy grande.”

A pesar de que su padre le pintaba enormes sonrisas en el rostro cuando lo veía en la televisión, lo que más disfrutaba Laura era ver cómo él cumplía uno de sus más grandes sueños: “hacer reír a la gente”.

SUS ÚLTIMOS DíAS

Los últimos días de su vida, Don Andrés los vivió rodeado de su familia, quienes en todo momento le demostraban su amor y cariño.

“Él estaba despierto, estaba consciente y yo le estuve diciendo sus frases, sus palabras celebres, y él hacía facciones como de que estaba contento”, narra Laura.

Fue así como, la mañana del miércoles 23 de diciembre, Don Andrés partió al cielo en medio del cariño de su familia.