27 de febrero de 2013 / 02:41 p.m.

Buenos Aires • Dicen que es una maestra de las paradojas. Pese a ser egresada de la prestigiosa Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, en París, no cabe duda de que podría dar clases magistrales de marketing y publicidad. La abogada, ensayista, escritora y columnista del diario Libération, Marcela Iacub, argentina nacionalizada francesa, de 48 años, ha logrado notoriedad planetaria con su libro Belle et Bête (Bella y bestia), que hoy sale a la venta en Francia, donde revela los secretos de alcoba mantenidos durante una relación de siete meses, de enero a octubre de 2012, nada menos que con Dominique Strauss-Khan, conocido por sus siglas DSK, al que define como “"mitad hombre, mitad cerdo"”.

Algunos fragmentos del libro fueron adelantados, en forma exclusiva, por el semanario Le Nouvel Observateur en una nota de portada: “"Yo estuve enamorada del hombre más despreciado del país, el más despreciado del planeta (…). Incluso cuando mi pasión era tan magnífica que habría cambiado mi porvenir por una hora más entre tus brazos, yo nunca he dejado de verte tal como eres: un cerdo. Y fue justamente mi compasión por esos animales tan denigrados, lo que despertó mi interés en ti. Fuiste el gran perseguido. El chivo expiatorio"”, escribe en un tono provocador con el que, a la vez, termina disculpando a su verdugo.

¿Quién es esta mujer de 48 años a la que DSk demanda ahora por 100 mil euros por daños y perjuicios y cuyo libro, aunque no fue prohibido por la justicia, como quería DSK, se publicará con una fajilla en protesta por su contenido, como sí le concedieron al demandante?

Su biografía, consultada desde todo el mundo en los últimos días, dice que Marcela Iacub es hija de un abogado y de una mujer de negocios, tataranieta de un célebre rabino, y que nació en Buenos Aires, en 1964, en el seno de una familia judía de clase media. Que a los 25 años, con título de abogada y especialización en derecho laboral bajo el brazo, partió hacia París con una beca de estudios para especializarse en bioética. En la capital francesa realizó un doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y se convirtió en miembro del Centro de Estudios de Normas Jurídicas. Desde 1998 integra el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS).

No es la primera vez que sus opiniones escandalizan. En ¿Una sociedad de violadores? publicado por Fayard en enero de 2012, cuando DSK acababa de cerrar el oscuro expediente judicial con una camarera de Nueva Yor —escándalo que le costó varios millones de dólares, además del puesto en el FMI y la candidatura a la presidencia de Francia a nombre de los socialistas—, Iacub lo defendió: “"Ninguna sexualidad es límpida y cada quien, tal vez, pueda verse llevado a simular, a decir Sí queriendo decir No"”, afirmó en vísperas de conocer a quien sería su amante por siete meses.

“"Ella provoca, seduce, enerva —dice en su defensa la revista Elle—. Hace diez años que se encarga de desarrollar un pensamiento feminista emancipado del feminismo, fustiga la criminalización de la sexualidad en una sociedad donde terminaremos por ver a todos los hombres y a su ‘sucia sexualidad’ como violadores; denuncia la dictadura de la maternidad biológica y del ‘imperio del vientre’, fustiga el pensamiento políticamente correcto de las feministas en torno a la dominación masculina y reivindica una libertad de pensamiento y de palabra sobre la sexualidad, censurada en democracia."”

Para valorar la solvencia intelectual del análisis de Marcela Iacub es necesario escuchar su intervención en la emisión de abril de 2012 (en pleno amancebamiento con DSK), del programa radial Répliques de Alain Finkielkraut, en France Culture, recuperada en una crónica del El País. Iacub llama a “"redefinir el concepto de violación"”, critica la “"excesiva represión"” judicial de los delitos sexuales y relativiza con vehemencia tanto la gravedad de la violencia sexual en una pareja como la existencia de traumatismo en las mujeres violadas. “"En (el campo de concentración nazi de) Auschwitz"”, dijo Iacub ante la audiencia, “"hubo gente que resultó traumatizada y gente que no"”.

CLAUDIA SELSER