ILEANA GONZÁLEZ | @ILEE_GONZALEZ
26 de octubre de 2017 / 07:29 a.m.

MONTERREY.- El deseo de descifrar las órbitas de los planetas une a los astrónomos rivales Tycho Brahe y Johannes Kepler en la obra "La Desobediencia de Marte", presentada anoche en el Auditorio Pabellón M.

La puesta en escena protagonizada por Joaquín Cosío (Brahe) y José María de Tavira (Kepler), narra la historia de estos grandes genios.

Kepler era científico teórico, mientras que Brahe empírico. El primero conocía el curso de las estrellas, pero sólo Brahe podía interpretarlas.

Estos persinajes del Renacimiento dependen uno del otro, pero no podrían ser más diferentes, comenzando con que Brahe, el viejo, no cree que la Tierra se mueve, como Kepler.

Su unión obedece más a la necesidad que al deseo de hacer equipo, pues ambos son distintos y distantes. Se necesitan, pero quieren la gloria personal.

La trama se desarrolla en 1600 en el Castillo de Benatek, en Alemania, en donde la meta es común, y los celos y conflictos son su único freno.

Son así, en una narración paralela en la pieza, dos actores en el escenario, dos generaciones de estilos y de ideas, y tienen que ensayar.

Y como con Brahe y Kepler, en lugar de números desnudan su alma y, aunque ellos no miran a las estrellas, quieren convertirse en una. La pieza, compleja, es realmente sencilla.

Bajo la dirección de Antonio Castro, la puesta en escena atrapó a los regios con su trama, que también tuvo toques sarcásticos y de humor.

Joaquín Cosío y José María de Tavira demuestran en esta obra ser grandes en el escenario, complementarios.



jeem