2 de septiembre de 2013 / 05:52 p.m.

Las evidencias de que Damasco habría empleado armas químicas contra los rebeldes y la información aportada por los servicios de inteligencia estadunidenses, han llevado a la Alianza Atlántica a abandonar la prudencia mostrada en los últimos meses, en los que rechazaba recurrir a un despliegue militar.

Sin embargo, Damasco habría cruzado una línea roja con el ataque químico que se registró el pasado 21 de agosto en el que habrían muerto cerca de un millar y medio de personas, según el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.

""No hay duda de que la comunidad internacional tiene que reaccionar firmemente en esta situación"", dijo Rasmussen en su primera rueda de prensa mensual tras el receso de verano.

La autoría de Damasco en los ataques, que Rasmussen consideró probada "por el modo en que fueron llevados a cabo", es el factor clave que ha impulsado el endurecimiento de la postura de la OTAN tras meses de enfrentamientos y miles de muertos en Siria.

""¿Por qué el uso de armas químicas es un factor decisivo cuando diez mil o incluso cien mil personas mueren por el uso de armas convencionales? (...) También es un horror el uso de armas convencionales, pero las armas químicas pueden ser fácilmente convertidas en armas de destrucción masiva"", justificó.

Por ello, consideró que el "objetivo" de la respuesta que se decida dar a Siria debe mandar ""un claro mensaje, no solo al régimen de Damasco, sino también a otros, de que no se puede hacer esto sin una reacción, para evitar estos ataques en el futuro"".

El ataque disparó la posibilidad de que países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia intervinieran de manera inminente en Siria, antes incluso de que estuvieran disponibles los resultados de los análisis llevados a cabo por inspectores de la ONU para aclarar si, en efecto, fueron empleadas armas químicas.

Sin embargo, el revés que supuso el rechazo del Parlamento británico a una operación de este tipo y el anuncio del presidente estadunidense, Barack Obama, de que consultaría la cuestión al Congreso antes de actuar ha rebajado la tensión.

Mientras las consultas continúan entre los países miembros de la OTAN, Rasmussen afirmó que ""hay un acuerdo sobre que se necesita una respuesta internacional firme para evitar que estos ataques se repitan en el futuro. Sería una señal muy peligrosa para los dictadores de todo el mundo si nos mantuviéramos al margen"".

Queda por definir "cómo y cuándo" se actuaría, aunque el secretario general de la Alianza consideró que si se opta por una intervención militar, esta será "corta, medida y con objetivos claros", por lo que "no se necesita la estructura de mando y control de la OTAN para una operación así".

Recordó que la OTAN ya juega su papel como "foro de consulta" y protectora de la frontera turca con los misiles Patriot desplegados, y confirmó que la Alianza no participará en una acción militar.

""No preveo ningún rol más allá" por parte de la OTAN. "Corresponde a los países individuales reaccionar a lo que ha pasado en Siria"", insistió Rasmussen.

En cuanto a Turquía, el secretario general de la Alianza, aseguró que todo está preparado para asegurar una defensa efectiva del país.

Además, Rasmussen recalcó la importancia de que, independientemente de que se decida actuar militarmente en Siria o no, es fundamental que se inicie un diálogo que permita llegar a una solución política que ponga fin al conflicto.

""Quiero subrayar que no veo que una acción militar en el conflicto de Siria sea sostenible a largo plazo, creo firmemente que es necesaria una respuesta firme, pero también que es necesario un proceso político para resolver los problema"" en el país, añadió Rasmussen.

EFE