25 de julio de 2013 / 01:10 p.m.

En el santuario mariano de Aparecida, Francisco celebró su primera misa en tierras brasileñas, con una gran capacidad para crear una atmósfera lúdica con los fieles católicos en un estilo muy particular de este argentino jesuita

 

Brasi• Alegre, cálido, simple: ese es el papa Francisco que se reveló ayer en Brasil, en su primer contacto “cara a cara” con millares de fieles que “lo soportaron todo” para recibirlo en la ciudad santuario de Aparecida, donde el sumo pontífice sorprendió con dotes de verdadero showman.

La “intimidad” con los fieles se pudo ver claramente después de la primera misa abierta en tierras brasileñas, cuando se asomó al balcón de la Basílica de Nuestra Señora Aparecida, para dirigirse a los peregrinos con un breve y alegre discurso que comenzó con un “desafío”.

“Voy a hablar en español”, anunció sonriendo y haciendo gala de un excelente manejo del público. “Ahora voy a darme cuenta si me entienden. Les voy a hacer una pregunta: ¿Una madre se olvida de sus hijos?”, preguntó.

La “tribuna”, encantada de participar del inesperado “juego”, respondió con un rotundo y unísono “¡No!”, tras lo cual Francisco, siempre en tono lúdico, afirmó que por esa misma razón “la virgen María no se olvida de nosotros: ella nos quiere y nos cuida”.

Enseguida tomó en sus manos una imagen de Nuestra Señora Aparecida, la santa patrona de Brasil, y con ella bendijo a la multitud eufórica, que hacía flamear banderas blancas hacia él.

Luego pidió a la virgen que rezara por todos, incluyéndolo a él: “Que Dios nos bendiga, que Nuestra Señora nos cuide”, dijo ante el público ya conquistado, al cual sorprendió con la promesa de volver en 2017, cuando se cumplan 300 años del hallazgo de la imagen de la santa patrona, rescatada de las aguas del río Paraíba por tres pescadores.

Este primer “encuentro cercano” del argentino más amado por los brasileños con los fieles fuera de Roma es solo una ratificación del estilo despojado que Francisco ha mostrado desde su que asumiera el cargo e incluso desde que arribó a Brasil.

En su primer recorrido por las calles de la capital fluminense, un Francisco sonriente ordenó parar el papamóvil para besar la frente de un niño que estaba en brazos de su madre, gesto que repitió ayer en al menos dos oportunidades.

“Ya hizo su primer milagro”, dijo el periodista José Simao, del diario Folha de Sao Paulo, aludiendo al hecho de que el Papa es argentino, y “aun así” les “gusta a todos los brasileños”.

Mientras, la pequeña favela de Varginha —una de las 13 comunidades que conforman el complejo de favelas carioca de Manguinhos— vivió ayer un día de expectativa, en la víspera de la llegada del papa Francisco, quien hoy visitará a una familia local y hablará en una cancha de futbol para unas 25 mil personas.

En los últimos días, equipos de la Municipalidad se trasladaron masivamente a Varginha, cerca del barrio Bonsucesso, en la periferia pobre de Río, tapando agujeros y limpiando calles, pero el sueño de los habitantes de ver sanados los graves problemas de infraestructura de la comunidad todavía no se concretó.

Hay esperanzas en el horizonte, ya que el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) del gobierno de Dilma Rousseff planea construir en el complejo de Manguinhos escuelas, guarderías, bibliotecas, puestos de salud y nuevas viviendas populares.

Sin embargo, la única mejoría se produjo en enero, cuando un operativo policial expulsó a los narcotraficantes que controlaban el complejo de favelas y que sembraban pánico entre los 50 mil habitantes con los frecuentes tiroteos entre bandas rivales, que llevaron al lugar a ser conocido como Franja de Gaza, “epicentro” del conflicto entre israelíes y palestinos.

STEPHANIE LE BARS-LE MONDE