25 de julio de 2013 / 02:29 a.m.

Brasil • El papa Francisco tenía muy buenas razones para hacerse presente ayer en Aparecida, envuelto bajo la bruma y entumido de frío. Este santuario mariano, que figura entre los más grandes del mundo, dominado por una basílica de ladrillos anaranjados, es un lugar muy importante de la piedad popular que el ex arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio no podía desdeñar, ya que él “confió a la Virgen” su pontificado. Esta ciudad sin encanto fue también el lugar que en 2007 acogió la conferencia del episcopado de América Latina, “un hecho muy bueno”, recordó ayer el Papa ante varias decenas de miles de fieles. Al final de aquella reunión, los obispos publicaron una hoja de ruta para la Iglesia católica en el continente sudamericano.

El documento, en parte escrito por el futuro Papa cuando todavía era el cardenal Bergoglio, asume acentos programáticos para el pontificado que se abre.

Los obispos insistieron en su necesaria misión ante los más desprotegidos, la urgencia para la Iglesia de salir “a las calles”, un cambio en las estructuras que no favorecer la transmisión de la fe, el trabajo del clero en colegialidad y la necesidad de una fe “jubilosa”, todas ellas ideas retomadas por el Papa argentino desde su elección en marzo.

Mientras que ha hecho de su amplia sonrisa una marca de fábrica, Francisco no dejó de insistir ayer en este último punto, afirmando durante la misa celebrada en Aparecida, la primera de su viaje a Brasil, que concluye el domingo, que “el cristiano no puede ser pesimista. No puede tener el rostro de una persona que parece estar en duelo permanente”.

“El cristiano es alegre, nunca triste”, insistió en una de las repeticiones a la que es aficionado.

A los jóvenes, motores potentes para la Iglesia y para la sociedad”, dirigió un mensaje positivo. “Frente al desánimo que podría ganar a los que actúan en pro de la evangelización, no pierdan nunca la esperanza”. “El mal nunca es más fuerte. Dios es el más fuerte”.

En una crítica de la sociedad de consumo y de algunas Iglesias evangélicas, en expansión en América Latina, que desarrollan una “teología de la prosperidad”, el papa Francisco advirtió contra los “ídolos efímeros, que pretenden sustituir a Dios (dinero, éxito, placer)”.

“Tengamos una mirada positiva sobre la realidad”, clamó el Papa, rompiendo con su predecesor, Benedicto XVI (el cardenal Joseph Ratzinger) que tenía una visión más sombría del mundo y de la sociedad. Ya el 15 de marzo, apenas elegido, el papa Francisco apeló a sus “hermanos” cardenales a quienes demandó “no ceder al pesimismo, a la amargura que nos presente cada día el diablo”, una figura ya evocada en víspera de su primera homilía.

Ayer por la noche, siendo coherente con su llamado recurrente a los creyentes a conocer “las periferias geográficas y existenciales”, el Papa visitó un hospital franciscano en el barrio carioca de Tijuca, donde inauguró un ala que atenderá a toxicómanos.

“La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad”, expresó Francisco.

Advirtió, asimismo, contra la política de liberalización de las drogas, que es impulsada desde hace algunos años por varios ex presidentes en América Latina, donde la lucha contra el narcotráfico ha dejado decenas de miles de muertos en los últimos años.

STEPHANIE LE BARS-LE MONDE