29 de julio de 2013 / 11:46 p.m.

 Bolivia • El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció que mañana pedirá en la Cumbre de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que compren a Bolivia mates de hoja de coca o la planta misma.

Morales habló del asunto en un discurso para inaugurar una fábrica de "bimates", hechos con hojas de coca y el edulcorante estevia, al confirmar su asistencia a la cumbre en Guayaquil.

El jefe de Estado, que también es dirigente de los sindicatos cocaleros de su país, volvió a sostener que la planta tiene propiedades como alimento y medicina para curar la diabetes.

Dijo que él personalmente come las hojas de coca y le sienta bien, por lo que cree que debe exportarse no sólo en infusiones.

Los mates para combatir los efectos de las zonas de altitud son uno de los productos extendidos para consumo, aunque en Bolivia también se hacen harinas, dentífricos, sodas y energizantes.

"Estamos llevando documentación para pedir a los países del ALBA que nos compren mate de coca, ojalá hoja de coca más", manifestó.

Apuntó que la exportación se hará con el cumplimiento de normas internacionales y dijo que ya habló con su colega ecuatoriano, Rafael Correa, para que su país compre los mates.

Para Morales, la hoja de coca en estado natural no produce daños a la salud y el masticado de la planta, conocido como "acullicu", es una practica ancestral entre los indígenas y campesinos bolivianos.

Bolivia logró este año que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acepte su retorno a la convención antidroga de 1961 con una reserva sobre el veto al "acullicu" que existe en esa norma.

No obstante, el organismo ha mantenido que la coca sigue siendo una sustancia controlada porque sus alcaloides pueden convertirse en cocaína, si es procesada con químicos.

En septiembre pasado, la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) certificó que en Bolivia hay 27 mil 200 hectáreas de hojas de coca, que es la última cifra global conocida oficialmente.

Las fuerzas de la Policía y el Ejército cada año destruyen miles de hectáreas de coca ilegal, parte de las cuales son otra vez sembradas por los campesinos cocaleros.

 — EFE