13 de junio de 2013 / 11:47 p.m.

Chile — El rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez, denunció el jueves el violento ingreso de efectivos antimotines a la casa central del plantel, donde tiraron bombas lacrimógenas y golpearon con palos a decenas de estudiantes, luego de finalizada una multitudinaria marcha estudiantil..

La policía tiene prohibida la entrada a las universidades si previamente no son autorizados por las autoridades de los planteles.

"Creo que hoy día con el ingreso de carabineros (policía uniformada) se ha roto una tradición de 140 años. Nosotros rechazamos está invasión y solidarizamos con las demandas justas de nuestros estudiantes", dijo Pérez.

El hecho se produjo al término de la tercera marcha este año de estudiantes universitarios y colegiales, cuando unos 200 adolescentes se cubrieron los rostros con paños y causaron destrozos en la vía pública, quemaron un paradero del transporte público, arrancaron señales de tránsito y rejas de jardines, además de lanzar piedras a centenares de policías que los reprimieron.

Los desórdenes se trasladaron desde las cercanías de un centro de eventos, junto a un parque, al norte del centro, hasta la principal avenida de esta ciudad, donde se ubica el plantel universitario.

Pérez dijo que la policía no sólo ingresó al recinto, sino que "tiró bombas lacrimógenas al interior y golpeó con lumas (palos) a los estudiantes". Precisó que al menos 20 jóvenes resultaron heridos.

La marcha tuvo por finalidad exigir que el tema de la educación figure destacadamente en la campaña electoral de los precandidatos que aspiran a suceder al presidente Sebastián Piñera en las elecciones del 17 de noviembre.

La ministra de Educación, Carolina Schmidt, declaró a radio ADN que "no hay medida que satisfaga sus necesidades (de los estudiantes) para interrumpir las movilizaciones".

"Así que no hay medida que uno pudiera hacer más que reprimir este tipo de movilizaciones, que creemos que no se debe hacer en un país democrático".

La caminata se realizó en el marco de más de medio centenar de sedes universitarias y carreras paralizadas y una veintena de colegios tomados, y de incidentes aislados protagonizados por anónimos encapuchados.

La marcha se prolongó por más de 25 cuadras hasta llegar a un escenario donde se realizó un acto cultural en medio de discursos de los principales líderes estudiantiles, que fueron interrumpidos por los desórdenes de algunos centenares de adolescentes que se desprendieron del grueso de las columnas y se encapucharon. La policía los dispersó con gruesos chorros de agua y gases lacrimógenos.

La situación se repitió en ciudades del norte y del sur del país.

Según la policía, en esta caminata participaron unos 55.000 jóvenes, mientras los organizadores aseguran que superaron los 100.000 participantes.

La policía dijo que cuatro agentes fueron heridos por pedradas y que detuvo a 30 personas. Como de costumbre, los agentes arrestaron a muy pocos encapuchados que enturbian las manifestaciones estudiantiles que durante todo su trayecto se desarrollan pacíficamente, al ritmo de tambores y parejas de jóvenes que bailan samba, en medio de un bosque de banderas y grandes carteles que demandan educación gratuita y de calidad.

Las movilizaciones estudiantiles iniciadas en mayo del 2011 y que virtualmente paralizaron la educación universitaria, a las que se plegaron luego los colegiales, remecieron al sistema político chileno y obligaron tanto al oficialismo como a la oposición de centroizquierda a poner el problema de la enseñanza en el primer lugar de las preocupaciones, a promulgar leyes para erradicar los usureros préstamos universitarios de la banca, a un 6,5% de interés, que producían profesionales endeudados a más de 20 años. Los créditos ahora están a cargo de una agencia estatal, y a un 2% de interés, pero aunque rebajadas, sobre los hombros de los estudiantes siguen las pesadas deudas.

Y aunque se aumentaron considerablemente las becas durante el gobierno de Piñera, que concluye en marzo del 2014, aún falta mucho camino por recorrer, especialmente en el tema de la calidad de la enseñanza.

Sobre la gratuidad, el oficialismo derechista y sus precandidatos presidenciales la rechazan y afirman que sólo debe favorecerse a los sectores más desposeídos y a una franja de la clase media, mientras la precandidata socialista Michelle Bachelet, que competirá con otros aspirantes menores en las primarias presidenciales del 30 de junio, ya prometió que si triunfa en noviembre, promoverá una educación gratuita para todos.

Bachelet, que ya gobernó Chile entre el 2006 al 2010, dijo que en el próximo período presidencial, avanzará en la gratuidad para al menos un 70% de los estudiantes, y que el resto deberá hacerse en los años siguientes. Fue acusada por el oficialismo de ceder a las presiones de los estudiantes.

Los líderes estudiantiles critican por igual al gobierno y a la oposición.

AP