10 de mayo de 2013 / 01:44 p.m.

Damasco • La cafetería es tan ruidosa que la veintena de personas que allí conviven pudieran pasarse horas sin saber que Damasco sufre en los últimos días el momento más incierto.

Ahmal sonríe y pide que le renueven los carbones de su pipa de agua. Mazen, su primo, ni lo mira. Bebe un trago de té dulce mientras empuja el tablero de backgamon con el enojo de los que siempre pierden en la última jugada. Tres mesas atrás, varios amigos suben el volumen de la tele porque encontraron el último partido del Barcelona. Todo el local es una rara mezcla de humo y excitación nocturna tan contagiosa que observarlos desde afuera divierte.

A unos metros hacia la calle, la imagen cambia súbitamente. Los pocos que caminan lo hacen en medio del asfalto y apurados. La luz mercurial acompaña las avenidas principales, pero la mayoría de los cruces están oscuros. En el aire los cañonazos siguen retumbando con la periodicidad de los últimas horas, pero suenan diferente.

Algo cambió y se percibe en el ambiente. Además de los ecos que producían los obuses, ahora el esporádico sonido de metralla incomoda a los capitalinos. Quizás había comenzado durante el día pero fue imposible saberlo.

Damasco es tal vez la metrópoli más bulliciosa de todo Oriente Medio y sus mercados derrotan cualquier acústica liviana. Cientos de miles de personas disfrutan de sus calles con una tranquilidad determinante para entender el conflicto.

Como Ahmad y sus amigos, tal vez para el resto de los habitantes los combates siguen estando demasiado lejos. La nula presencia de infantería mecanizada en zonas claves los debe convencer.

No hay cañones o baterías antiaéreas en la ciudad. Ni siquiera un tanque en desuso. Solo ejército y milicias que se reparten cada milímetro urbano.

¿Por qué entonces la intranquilidad? Diversos funcionarios gubernamentales y extraoficiales confirmaron a la prensa internacional que más de cinco mil insurgentes llevan varios días intentando afianzarse sobre el noreste de Damasco. Son cinco las localidades implicadas: Barzeh, Qabun, Jober, Zablatani y Zamaa que se desparraman sobre amplios espacios planos y verdosos rodeados de cerros.

Con las baterías ubicadas sobre las montañas y apuntando hacia las áreas periféricas no urbanizadas, el golpeteo constante de los proyectiles 130 mm (el ejército pudiese estar usando los viejos pero confiables cañones M-46) corrobora que los rebeldes buscan avanzar hacia la zona del aeropuerto y así intentar ganar uno de sus máximos trofeos desde que comenzó el conflicto, en marzo de 2011.

La cuadrícula en disputa ronda los diez kilómetros y fue evolucionando según las agujas del reloj para un contexto que todavía no despierta mayores problemas. Las fuerzas oficiales ya habrían rodeado la mayoría de la superficie para asfixiar a la guerrilla gracias a su poder de fuego pesado.

“No problem. Siria es fuerte y los terroristas no podrán ganarle a nuestro ejército. Ni siquiera usamos un cuarto de lo que tenemos”, fue la enfática respuesta de Mazen. Dentro de la cafetería el ambiente parece festivo.

Él paga la cuenta, despide a su amigo y se sube a la bicicleta de fabricación china para perderse en la oscuridad de Damasco.

SANTIAGO FOURCADE