28 de enero de 2013 / 04:22 p.m.

El Cairo • El estado de emergencia declarado ayer en Egipto no ha hecho más que desatar hoy otras vez las protestas, sobre todo en El Cairo.

El presidente Mohamed Mursi recibió el rechazo del Frente de Salvación Nacional (FSN), principal alianza opositora no islamista, que dijo no a participar en el diálogo nacional propuesto para hoy.

No vamos a ir al diálogo de hoy, ya transmitiremos un mensaje al pueblo y al presidente sobre lo que consideramos como bases para iniciar conversaciones", dijo el dirigente del Partido de la Constitución, Mohamed el Baradei, en una rueda de prensa.

Paralelamente, los policías antidisturbios respondieron el lunes con gases lacrimógenos a manifestantes que los atacaron a pedradas en el centro de El Cairo. Ahí también cientos de activistas realizaron un rezo musulmán colectivo, por las víctimas del “Viernes de la ira” y por los fallecidos desde el viernes pasado.

La erupción de violencia —que comenzó el viernes alrededor del segundo aniversario de la revuelta popular que derrocó al entonces presidente Hosni Mubarak— sumió una vez más a Egipto en el caos político y expuso las profundas fallas que atraviesan el país.

Más de 50 personas han muerto en los disturbios, al menos una hoy durante la nueva jornada de protestas, alimentados por la indignación ante las políticas del nuevo líder islamista del país y el ritmo lento de los cambios.

El presidente Mohamed Mursi, que ha luchado por resolver los enormes problemas sociales y económicos del país desde que asumió el poder en junio, declaró un estado de emergencia de 30 días en las ciudades de Puerto Saíd, Ismailiya y Suez, así como sus provincias vecinas, en un intento por sofocar los disturbios.

El toque de queda entra en efecto el lunes a partir de las 9 de la noche a las 6 de la mañana todos los días.

El ejército fue desplegado en Suez el viernes y en Puerto Saíd el día siguiente. Las dos ciudades han sido las más afectadas por la violencia.

Visiblemente enojado y casi a gritos, Mursi prometió en un discurso televisado del domingo por la noche que no dudaría, incluso, en realizar más acciones para controlar el brote de violencia más reciente en todo el país. Al mismo tiempo, sin embargo, buscó asegurar a los egipcios que sus decisiones no devolverán al país al autoritarismo.

"No abandonaremos la libertad, la democracia y la supremacía de la ley", afirmó.

La ciudad costera de Puerto Saíd, unos 225 kilómetros (140 millas) al noreste de la capital, fue escenario de la peor violencia desde la deposición de Hosni Mubarak hace dos años.

AGENCIAS