3 de septiembre de 2013 / 10:26 p.m.

Brasilia • El senador boliviano Roger Pinto, quien salió de su país hace diez días sin el debido salvoconducto, dejó hoy plantado por segunda vez al Congreso brasileño, que se disponía a escuchar sus denuncias contra el Gobierno de Evo Morales. Según anunció hoy el portal del Congreso, Pinto iba a comparecer ante las comisiones de Seguridad Pública y Combate al Crimen Organizado, y de Relaciones Exteriores y Defensa.

La primera quería escuchar de primera mano sus denuncias sobre supuestos nexos entre autoridades bolivianas y el narcotráfico, y la segunda pretendía que explicase detalles de su turbulenta salida de La Paz, que causó un serio conflicto entre ambos países y llevó a la dimisión de Antonio Patriota como ministro de Relaciones Exteriores de Brasil.

"Esta vez sí irá", aseguró a Efe su abogado, Fernando Tiburcio, poco antes de la audiencia, pero el senador Pinto finalmente dejó plantados a los diputados. Con ese "esta vez", Tiburcio aludía a una comparecencia al Senado que Pinto había anunciado la semana pasada y que también canceló después de que la crisis que causó su llegada a Brasil provocó la renuncia de Patriota.

En lugar de Pinto, los diputados recibieron hoy a Tiburcio, quien entregó una nota en la cual justificó la ausencia del senador con unos no aclarados "factores de orden coyuntural" y anunció que dará más explicaciones en una rueda de prensa que será convocada en "los próximos días".

El diputado opositor Otávio Leite, quien había promovido la comparecencia de Pinto, dijo a los periodistas que "sin duda el senador sufre muchas presiones, muy agudas", las cuales atribuyó al Gobierno de Dilma Rousseff, aunque admitió que no posee ninguna "prueba" de ello.

El senador, quien dice ser perseguido por el Gobierno boliviano, estaba asilado en la embajada de Brasil en La Paz desde el 28 de mayo del 2012 y abandonó esa legación en forma clandestina, en un coche oficial escoltado por soldados brasileños.

Llegó a Brasil el 24 de agosto pasado con la complicidad de diplomáticos y parlamentarios brasileños. Desde que se alojó en la legación diplomática, el Gobierno de Bolivia se había negado a concederle el salvoconducto debido a que responde a diversos juicios por corrupción, en uno de los cuales ya ha sido condenado a un año de prisión.

Para abandonar la embajada tuvo ayuda del encargado de negocios Eduardo Saboia, que fue destituido luego por ese asunto, igual que el embajador de Brasil en Bolivia, Marcel Biato, quien días antes de lo que el Gobierno boliviano califica de "fuga" había salido de vacaciones.

Tras un viaje por tierra que duró alrededor de 22 horas, llegó a la ciudad brasileña de Corumbá, desde donde se desplazó a Brasilia en un avión privado fletado por el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño, Ricardo Ferraço.

Bolivia protestó enérgicamente por la salida de la embajada con la complicidad brasileña y el asunto fue objeto de una reunión entre los presidentes Morales y Dilma Rousseff en el marco de la Cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) celebrada la semana pasada en Surinam.

Tras ese encuentro con Rousseff, Morales dio por superado el incidente con Brasil, aunque aclaró que Bolivia no ha renunciado a su decisión de que Pinto regrese al país para responder ante la justicia.

Con ese fin, Bolivia anunció que en los próximos días llegará a Brasilia una misión integrada por tres ministros, que entregará a las autoridades unos documentos con las demandas judiciales que se tramitan contra Pinto.

El senador, mientras tanto, ha iniciado los trámites para obtener el estatus de refugiado, que en Brasil es otorgado por la Comisión Nacional de Refugiados (Conare), un organismo que depende del Ministerio de Justicia.

En ese sentido, la ministra de Comunicación de Bolivia, Amanda Dávila, ha dicho que si Pinto obtuviera asilo o refugio, el Gobierno de Evo Morales pediría de inmediato su extradición.

EFE