AGENCIAS
22 de junio de 2013 / 06:02 p.m.

Brasilia-Río de Janeiro • La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó ayer que está dispuesta a recibir a los líderes de los movimientos que convocaron las protestas que han sacudido al país en los últimos días.

"Voy a recibir a los líderes de las manifestaciones pacíficas, de sindicatos y asociaciones populares", pues "precisamos de todas sus contribuciones, reflexiones y experiencias", declaró Rousseff en un mensaje en cadena nacional.

En el mensaje, que duró diez minutos, Rousseff se refirió en forma puntual a varias de las causas del malestar, que pasan por la pésima calidad de los servicios públicos, la salud y la educación, la corrupción y el gasto público en la Copa Confederaciones, que comenzó el pasado sábado en Brasil, y en el Mundial de futbol de 2014.

La mandataria reiteró el carácter "democrático" de las protestas, aunque volvió a condenar en forma enérgica el vandalismo que hubo en muchas de las manifestaciones, que atribuyó a una "minoría" que "ni el gobierno ni la sociedad pueden aceptar" y que "no puede manchar" el "verdadero deseo de cambio" expresado en las calles.

Sobre el aumento de tarifas de transporte público, detonante de las manifestaciones y que puso al descubierto el malestar social, Rousseff recordó que las multitudinarias marchas lograron que el alza fuera derogada y dijo que discutirá con los "indignados", con los legisladores, integrantes del poder judicial, gobernadores y alcaldes, la elaboración de un "plan nacional de movilidad urbana".

Con relación a la salud, aseguró que su gobierno se apresta a "traer de inmediato a millares de médicos del exterior para ampliar la atención".

También dijo que insistirá ante el congreso en la aprobación de una propuesta que plantea que el cien por ciento de las regalías que generen las riquezas petroleras atesoradas en aguas profundas del Atlántico, se destinen a la educación.

Rousseff reafirmó su decisión de que la corrupción sea combatida con el mayor rigor y también se pronunció en favor de una reforma política que "permita a los ciudadanos fiscalizar mejor a todos sus gobernantes".

No obstante, la jefa del gobierno brasileño rechazó la condena que las manifestaciones han hecho a todas las formas de política tradicional y a los partidos. Aunque admitió que la política debe ser "oxigenada", advirtió que "ningún país puede prescindir de partidos ni del voto popular".

Sobre la Copa Confederaciones, ensayo previo al Mundial de futbol, la cual ha sido blanco de las protestas por el elevado gasto público en un evento organizado por la FIFA, explicó que el dinero aportado por el gobierno solo supone una "financiación" para las empresas que construyeron los estadios y que será devuelto.

"Jamás permitiría que esos recursos salieran de las arcas del gobierno", garantizó.

Objetivo alcanzado

El pronunciamiento de la mandataria siguió a un anuncio hecho por el movimiento Pase Libre de Sao Paulo, que inició las protestas en contra del alza del transporte y que hoy decidió poner fin a las manifestaciones.

Los líderes de Pase Libre explicaron que el "primer objetivo", que era la derogación del aumento, fue "alcanzado".

Pero también afirmaron que detectaron que en las marchas se han "infiltrado" grupos ajenos a sus intenciones.

"Consideramos que grupos conservadores se infiltraron en los actos para defender propuestas que no nos representan", denunció Rafael Siqueira, portavoz de Pase Libre, quien explicó que surgieron grupos que defienden la penalización del aborto o la reducción de la edad de responsabilidad penal, a las que el movimiento se opone.

Pese al llamado de Pase Libre, todavía ayer resistían algunos pequeños focos de protesta en varias ciudades.

En Río de Janeiro, la protesta llegó a las puertas de la casa del gobernador de ese estado, Sergio Cabral, en el barrio carioca de Ipanema, pero sin que ocurrieran incidentes.

Brasil, séptima economía del planeta, célebre por sus programas sociales que hicieron ingresar a 40 millones de personas en la clase media en la última década, atraviesa un periodo de magro crecimiento económico y una inflación en alza.

Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, educados, de clase media y apolíticos, piden menos dinero en estadios de futbol y más en salud, educación, combate a la corrupción, así como un transporte público mejor y más barato.

SIGUEN PLANES PARA VIAJE PAPAL

- El presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB), el cardenal Raymundo Damasceno Assis, afirmó ayer que los preparativos de la visita del papa Francisco a Brasil, prevista para julio durante la Jornada Mundial de la Juventud, no serán alterados por las protestas que sacuden Brasil. No obstante, la Conferencia Episcopal admite la posibilidad de que las multitudinarias protestas, que se vienen realizando a lo largo y ancho de Brasil con algunos episodios violentos, pueden afectar el número de participantes de la Jornada, que se realizará entre los días 23 y 28 de julio. "Tal vez no tengamos un número tan alto de extranjeros", subrayó.

A propósito de las movilizaciones, la CNBB emitió ayer un comunicado en el que expresa su "solidaridad y apoyo" a las protestas, "siempre que sean pacíficas".

Agrega que por haber nacido "de manera libre y espontánea a través de las redes sociales", las protestas "nos cuestionan a todos nosotros y testimonian que ya no se puede vivir en un país con tanta desigualdad (…) gritan contra la corrupción, la impunidad y la falta de transparencia en la gestión pública".

El ministro secretario de la presidencia, Gilberto Carvalho, advirtió ayer que Brasil tiene que estar preparado ante la eventualidad de que haya protestas en ese periodo que pudieran comprometer la visita papal.