AP
24 de junio de 2013 / 09:41 p.m.

 

São Paulo • La presidenta brasileña Dilma Rousseff hizo un esfuerzo por contener las protestas nacionales el lunes reuniéndose con líderes de un grupo de activistas que piden transporte público gratis, el cual inició las primeras manifestaciones hace más de una semana y ha convocado a nuevas protestas para el martes.

Rousseff también habló con gobernadores y alcaldes de varias ciudades grandes, ampliando su enfoque más directo y personal a la crisis después de ser objeto de críticas por mantenerse en silencio la mayor parte del tiempo y dejar que las protestas se salieran de control.

Para media tarde, ni los funcionarios de gobierno ni los líderes del movimiento se habían pronunciado en público, pero muchos aquí sospechan que ya carecen de medios para detener la ola de protestas.

El lunes hubo algunas manifestaciones aisladas y dos mujeres perecieron cuando un carro las atropelló al tratar de bloquear una carretera en el estado de Goiás, cerca de Brasilia, la capital del país. La Patrulla de Carreteras de Goiás informó que el conductor se dio a la fuga y lo están buscando.

Las protestas en el estado de Sao Paulo también bloquearon el acceso por tierra al mayor puerto del país, en Santos, lo que causó un fuerte embotellamiento de camiones de carga que trataban de descargar sus productos. En Brasilia, un grupo de unos 300 estudiantes que protestaban contra la corrupción bloquearon algunas calles, al tiempo que se esperaba una protesta por la noche en Río de Janeiro.

Expertos señalaron que los manifestantes, aunque desorganizados en su mayoría, controlaban la situación gracias al apoyo de la mayoría de los brasileños, como indican recientes encuestas de opinión, lo que abre una puerta a concesiones a sus demandas de menos corrupción y mejoras a los malos servicios públicos del país.

Algo que complica la situación es el empeoramiento de la situación económica de Brasil. El gobierno ha batallado contra la desaceleración económica y el aumento de la inflación, lo que dificulta un aumento del gasto en los servicios públicos. Las autoridades también están invirtiendo miles de millones de dólares, no sólo en la Copa Confederaciones de fútbol que se desarrolla en estos momentos, sino la próxima Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos de 2016.

"En Brasil habrá varias olas de protestas", dijo Guillermo Trejo, profesor de la Universidad de Notre Dame, de Estados Unidos, que se dedica a investigar las protestas sociales en América Latina. "Este ciclo perderá fuerza pero es probable que regresen las protestas una vez que la atención de los medios sobre la Copa Confederaciones ceda".

Pero el próximo año pudiera ser complicado, en momentos que Rousseff enfrenta la reelección, dijo Trejo. Las protestas han sido las mayores de su tipo en Brasil en por lo menos dos decenios.

"Las elecciones presidenciales siempre son un gran imán para las protestas y la celebración de eventos como la Copa Mundial significa que habrá más oportunidades (para protestas)", acotó Trejo.

Tres cuartas partes de los brasileños apoyan las protestas, indican las encuestas, y exigen más a cambio de los fuertes impuestos que pagan. De hecho, los brasileños pagan más en impuestos como proporción del producto interno bruto que cualquier otro país fuera de mundo en desarrollo.

Eurasia Group, firma estadunidense de asesoría de riesgo político, expresó el lunes que la presidenta brasileña está "formulando una estrategia que trata de generar un sentido de progreso en relación con las demandas de los manifestantes a la vez que evitar un mayor gasto público" en momentos que enfrenta un reto doble: uno en las calles y una crisis de confianza en los mercados financieros.

"Su equipo económico es consciente de que tiene poco espacio para invertir más con el fin de satisfacer las exigencias de los manifestantes", expresó la nota.